domingo, 5 de diciembre de 2010

Hoy me ha dado por pensar


Si, será porque hoy no trabajo y no tengo otra cosa mejor que hacer que pensar tonterías, o quizá por un montón de circunstancia que hacen que uno retuerza las cosas hasta llevarlas al absurdo. Así que, que nadie espere una entrada filosófica, sino un par de estupideces surgidas de una mente ídem.
Todos habréis escuchado la noticia de los controladores aéreos. Miles de personas encerradas en los aeropuertos, llorando algunas, destrozadas todas sus ilusiones decían. Estado de Alarma, un país colapsado, la ruina en estos momentos de crisis. ¿nos hemos vuelto locos? pienso yo. Hace apenas un siglo, volar era cosa de pájaros y no hace mas de 20 años cosa de ricos.
Ahora, un colectivo se declara en huelga y se declara el estado de alerta. El turismo sufre en descalabro, el consumo disminuye. Vamos, una tragedia. ¿Por qué no viajar en coche?
Punset dice en su blog que si alguna vez hemos pensado que para desplazar a un ser humano que de media pesa 75 kilos, hace falta una máquina tan sofisticada y pesada como un coche de nada menos que 500 kilos, echando humo y contaminando el espacio hasta hacer una agujero en el cielo.
Y es que yo pienso que este mundo es raro. Nos gusta más el humo que el oxigeno. No hay más que vernos fumar. ¿Existe acto más absurdo en el ser humano que fumar?.Yo por más que pienso solo encuentro uno: el masoquismo. Masoquismo y tabaco son casi sinónimos. Ambos parece ser que dan placer a costa de sufrimiento. Nunca me gustó el tabaco pero fui fumador por un breve espacio de tiempo y nada más dejarlo comencé a fijarme en lo absurdo del fumar. Gastar dinero para provocarnos un cáncer y asfixiarnos. Ridículo ¿no?
Claro que si pensamos en lo que nos gastamos y con que poco podríamos vivir si prescindiéramos de la mitad de la cosas que no nos sirven para nada. Ahí me incluyo. ¿cuantas veces nos hemos obsesionado por un objeto, no sé, un perfume por ejemplo, o una tele más grande o una camiseta de marca. Hemos ahorrado, hemos batallado contra nosotros mismos, haciéndonos ver que no nos hace falta, pero al final un impulso ha hecho que nuestras piernas nos lleven hasta la tienda en cuestión donde hemos invertido nuestro dinero en semejante estupidez.
¿Y cuando llegas a casa? Sacas tu perfume, lo hueles, lo dejas en el estante y al tercer día ya casi ni te acuerdas. A por otro objeto
¿por que pienso esto?Pues no sé. Seguramente el aburrimiento, o algo que habré visto por ahí¿Que nos mueve hacia el consumo?
He visto luego una película, de esas serie B que tanto me gustan. Una historia de amor. ¿Es que a nadie le pasa que solo nos gusta quien no nos hace caso? precisamente de esa persona es de la que no enamoramos, porque si desde el principio es fácil deja de tener interés para nosotros. Es como fumar, otra forma de masoquismo.
En fin, lo siento por los que quisieron volar y no pudieron, por los fumadores y los masoquistas. Lo siento por mi mismo que se me ocurren cosas tan tontas, pero tal vez tenga razón Punset cuando dice que ninguna de nuestras neuronas sabe quien somos, ni tampoco les importa...Al menos con las mías se confirma su tesis.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Cementerio de Palma de Mallorca


Casi me había olvidado que este verano, durante mis vacaciones en Mallorca, aproveché un día nublado para visitar el espectacular cementerio de la capital. Cada tarde al pasar por una de las principales carreteras que circundan la ciudad de Palma, veía alzarse los panteones y tumbas sobre la ladera y al final no pude resistirme.
Me armé cámara en mano y me adentré en este precioso lugar que, como cada ciudad, tiene sus propias peculiaridades.
Lo que más me gustó fue el silencio y la tranquilidad con la que me encontré dentro. Ni una sola persona se cruzó en mi camino.Nadie. Mejor, así pude utilizar mi Reflex recién estrenada y perderme entre nichos y sepulturas, disfrutando del inicio en la fotografía funeraria. Lo segundo que me impactó fue el color de la piedra. Debido a la cercanía del mar y la humedad de la isla, la piedra, como se puede comprobar en las fotos, esta completamente mohosa y ennegrecida. Lejos de restarle interés o belleza a la necrópolis, esto la llena de interés.
No me gustan las tumbas impolutas, ni la piedra pulida, prefiero que se note el paso del tiempo.
La historia del lugar viene muy bien redactada en este articulo, del que dejo enlace para quien le interese.
Comenzó a llover y nos refugiamos en uno de los balcones desde donde se tiene una panorámica espectacular de lo anárquico de la distribución de las tumbas. Hay espacios en los que no se pude pasar sin pisar alguna losa resquebrajada. Tumbas apretujadas y nichos con curiosos epitafios.
Seguimos caminando y terminamos en la zona donde los gitanos se entierran. Lejos de los colores, o tal vez por que hacia tiempo que no recibían visitas, esta zona me resulto más agradable que en otros cementerios.
En definitiva, es un lugar de rancio abolengo, con claras separaciones entre las diferentes clases sociales de la isla y preciosos panteones y esculturas.
Hice muchas fotos, así que os dejo en el enlace como siempre para verlas todas desde mi álbum Picassa pinchando Aqui

miércoles, 3 de noviembre de 2010

DÍA DE DIFUNTOS

Como siempre últimamente, voy con retraso en todo. No va a ser menos en el blog. En fin, mi admirado Thiago me recordaba en el post anterior que con lo que a mí me gustan los cementerios y estas cosas, como iba a pasar por alto el día de difuntos. Efectivamente, le contesté, este día yo no lo paso por alto ni muerto...
Día de difuntos. Las ánimas andan sueltas por la calle la noche del uno al dos, porque realmente el día de los muertos es el día dos aunque nos empeñemos en llevar las flores el uno, día de todos los santos.
Tengo costumbre de encender una velita pequeña, de esas rojas, por cada difunto en la ventana de mi casa. Es una tradición heredada de mi madre y ella de la suya. Sirve para que los muertos encuentren la luz, otros dicen que para que no entren en casa al ver una luz encendida. Que más da para lo que sirva, yo lo hago porque mi madre lo hace y para algo servirá.
Algunos piensan que tengo una especie de afición o interés, culto tal vez por la muerte, y nunca me he parado a explicar el por qué de ese interés.
Todo es un proceso que viene de lejos, desde la niñez. Como a todos, de pequeño, la muerte es algo que asusta por lo desconocido. La primera vez que vi un muerto tenía diez años. Fue a mi abuela. Llevaba el hábito de la Virgen del Carmen y los pies sujetos por una cuerda gruesa, para que no se abrieran hacia los lados. Estaba en el salón de la casa de mi tía. Todas las sillas alrededor de la caja y un extraño olor a cera o a muerte. Mi madre me dijo ¿quieres verla? y yo le dije que si. Pensé que me iba a impresionar más, pero la verdad es que no sentí miedo alguno ni ninguna sensación rara. No obstante aquella imagen dentro del ataúd me atormento noches y noches, y no por la muerte en si, sino por pensar que algún día yo estaría en el mismo lugar, con los pies atados y un habito sobre el cuerpo. No podría respirar una vez que me enterraran y si gritaba nadie me oiría. Decidí observar el comportamiento de los muertos desde ese momento, para ver si un atisbo de vida quedaba entre sus venas.
No he dejado de ver a un solo muerto al que haya acudido a despedir. Sea más o menos cercano. Solo por observar su rostro plácidamente dormido. Casi todos con un esbozo de sonrisa, algo parecido al gesto de la Giocconda.
Poco a poco fue perdiéndose el miedo. Fui asumiendo la muerte con absoluta naturalidad. Me sirvió de terapia ver que el que se va ni siente ni padece. Mortus est que non resolla, decía mi padre. No sufre, no grita, no respira, no siente frío ni calor.
Me sirvió de terapia para alejar mis tormentos, para asumir la vida con más optimismo y agarrarme a cada instante de ella, que contradicción ¿no? observar la muerte para vivir mejor. Pero analicemos que no lo es tanto. No hay nada mejor para superar un miedo que enfrentarte a él al menos en mi caso.
Muchas veces he comentado que hoy en día la muerte es tabú, algo que esta ahí, pero que se evita hablar de ello. Los niños no ven muertos. La muerte no existe. Yo tengo otro punto de vista sobre el tema. Creo que se debe vivir sabiendo que al final uno muere. Pero no sabiéndolo como teoría, sino como certidumbre. Con todas las consecuencias.
La cultura con respecto a la muerte a cambiado y en las últimas décadas todo es distinto, mas frío. No hay alma, no hay fe. No hay muerte, no hay dolor. Se pasa el entierro y lo mejor es que no haya ni luto, no vaya a ser que sintamos tristeza en este mundo rápido.
A pesar de todo esto, poco tiene que ver lo que cuento con mi interés por los cementerios. En ello no hay nada relacionado con la muerte, sino con lo artístico. Disfruto más viendo una escultura funeraria que cuatro hierros abstractos en el Reina Sofia; aunque no voy a negar que a veces paseo, solo yo y mis circunstancias, por algún cementerio grande, como la Almudena, dejando que el silencio vague alrededor de mi, distrayéndome en un epitafio, en una losa de mármol mohosa. Solo por disfrutar, por sentirme vivo. Solo por recordar que de momento yo estoy encima y ellos debajo de la tierra.

El año pasado escribí este mismo día y con el mismo titulo, aunque distintos argumentos. Invito a quien le interese a visitar aquel post.


viernes, 15 de octubre de 2010

Sociedad y Melancolía

Y es que en mis años de vida, cada vez que me paro a pensar en esta sociedad, vista con el prisma que la vea, lo único que me provoca es una profunda melancolía. Casi tristeza.
Ayer falleció Manuel Alexandre, el abuelo de voz temblorosa y gesto amable al que tuve oportunidad de ver en el teatro años atrás, junto con López Vázquez y Agustín González, todos ellos muertos. Desaparecidos. ¿Cuánto tiempo tardamos en olvidar a los grandes que se van? ¿Cuánto tardamos en sustituirlos por otros nuevos, mas jóvenes y novedosos? Ayer todo eran lágrimas y despedidas al abuelo que todos quisimos tener, mañana nadie le recordará. Esos son los afortunados a los que no se recuerda, peor son los difuntos a los que sin posibilidad de defensa, se les insulta o se saca del armario polvoriento de su casa, todo tipo de trapos sucios.
Ay! La sociedad española. El otro día, el doce de Octubre día de la fiesta nacional asistí con cierto desconsuelo al abucheo de Zapatero. No seré yo quien lo defienda, pero me hizo pensar que ese mismo abucheo le escuchó Aznar, y antes González. Ningún presidente del gobierno, elegido entre palmas y votos por nosotros mismos, ha salido en hombros de la Moncloa. Ninguno. Todos ellos has salido de la política insultados, vilipendiados y abucheados. Es triste ¿No?. Claro que mas triste es nuestra clase política enfrentada entre si y con una ciudadanía sumergida, como poco, en la indiferencia.
Crece la xenofobia. El odia a la inmigración se hace latente a cada paso. En momentos de crisis aun mas. Los políticos cada vez están mas alejados del pueblo, y mientras Belén Esteban se separa de su marido, se la entrona como princesa del pueblo y ganaría siete escaños en el congreso. Y España tiembla, o eso me creo. Porque cada vez me doy mas cuenta de que España y ya no tiembla por nada.
Melancolía.
Camilo Sexto deja los escenarios y se despide de su publico. Triste noticia para los mitómanos. Otro que se va. A este no ha hecho falta esperar a que se muera, ya le dejamos nosotros y su discográfica que se vaya antes. Eso si, el dia que fallezca llegaran los homenajes como a Urquijo y a Berlanga, que a este ultimo hasta sus amigos le hicieron un homenaje vació para vender un disco.

¿A donde quiero llegar? Pues no lo sé. A un extraño sentimiento de desconsuelo que me inunda cada vez que miro alrededor. A una critica a un mundo rápido y vacío. A una sociedad tibia y descafeinada de la que yo formo parte.
Todos lo que nos rodea se convierte en objeto de consumo rápido. Una lectura rápida de libros, para acabar con este y empezar con el siguiente. Libros y libros que se acumulan en estantes sin recordar apenas que querían contarnos Una escucha por Spotify de discos, uno detrás de otro, de fondo, sin apreciar matices.
Relaciones frías e informatizadas a través de la red. ¿Con Facebook para que voy a salir a la calle?
Un rapidez que me asusta y me aturde. No sé, creo que estoy empezando a tejer el capullo de seda que me envuelve todos los inviernos, aquel en el que me meto calentito y aislado a pensar en mis cosas, a escuchar mi música a leer mis libros y a compartir mí tiempo conmigo mismo, sin que nadie me moleste.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Etiquetándonos


En este mundo no hay nada más difícil que conseguir que alguien cambie de opinión. Incluso uno mismo esta anclado a una opinión, a unos conocimientos adquiridos y a una costumbre que imposibilita que ante fuentes distintas de conocimiento, nuestras opiniones y creencias varíen un ápice de su anclaje habitual.¿Por qué digo esto?. La idea la he tenido siempre, pero ayer, durante la jornada de huelga y tras revisar varios blogs y artículos de opinión de diferentes periódicos, me percaté de como defendemos con uñas y dientes nuestros ideales más profundos. El que es de derechas ya puede recibir la información que sea que seguirá defendiendo su opción política como la mejor. El que se auto denomina de izquierdas, ya puede vivir como un capitalista o ser pisoteado por su político fetiche, que seguirá buscando y sesgando la información para reafirmarse en sus convicciones.
¿Por qué no hablar de religión? En la película "The Body", cuando Antonio Banderas se niega a creer que el esqueleto hallado pueda ser del propio Jesucristo, y sufre por que si se demostrara todos los cimientos de la cristiandad caerían por los suelos, alguien le dice: "No sufras, no hay nada más difícil en este mundo que hacer cambiar a un hombre de opinión. Aunque científicamente se demuestre que estos huesos pertenecieron al propio Jesucristo, la fe les diría a los hombres que no, y ellos lo creerían."
Cuando alguien se aferra a sus ideales, muchas personas lo ven como un acto de fortaleza, de seguridad en si mismo: esto creo y de aquí no me apeo. Es un señor con fuertes convicciones, piensan.Sin embargo yo, el tío más relativo que existe, el que más cuestiona cualquier cosa, siempre encuentra un pero. A pesar de admirar profundamente y respetar a aquel que claramente se manifiesta, sin ápice de duda, de derechas o izquierdas, creyente empedernido o ateo total y que pisa seguro sobre cuanto ha aprendido en la vida, a mi no me gustaría encontrar ese punto en el que dejara de cuestionarme las cosas, en el que dejara de preguntarme ¿por qué me cuelgo esta etiqueta? ¿por qué doy por cierto mi idea sin pensar en lo que los demás pueden aportarme? ¿Por qué me cierro en banda a escuchar otras opiniones o puntos de vista? ¿Acaso me creo en posesión de la verdad? Así que aquí tienen a uno que cuando critican a la iglesia la defiende por que cientos de voluntarios y misioneros llevan haciendo grandes obras de caridad durante muchos tiempo y ellos son iglesia. Que cuando la defienden, la critica, porque un día fueron inquisidores y las altas esferas tienen de buenos y de pobres lo que yo de musulmán. Aquí tienen a alguien que coincide con las políticas del centro-derecha ( no de derechas) porque nos guste o no nos guste vivimos un mundo capitalista y mejor mirarlo de frente que pasarnos la eternidad pensando que podemos cambiarlo. Que defiende las ideas del centro- izquierdas ( que no de la izquierda) por que su estilo de vida y sus ideales coinciden más con la izquierda que con la derecha.
Aquí tienen ustedes, a un hombre que se cuestiona todo, sin dar nada por cierto, y que además pretende seguir así. Sin etiquetas, pero con muchas ideas., que en vez de tomar la linea recta para llegar al final, prefiere perderse por todos y cada uno de los recovecos previamente llevando tan solo como guia la bondad, la belleza y la verdad... y esta es tan relativa...

viernes, 17 de septiembre de 2010

CEMENTERIO DE SAO PAULO (BRASIL)


No, no he estado en Brasil que más quisiera yo, aunque quien sabe, tal vez en breve vaya para allá. El caso es que un amigo se ha traslado (espero que con idea de regresar) a vivir a Brasil, y fíjate que casualidad, compartimos afición por los cementerios. Conrad, así se llama él, es un tío muy espiritual. Practica Reiki (alguna de sus sesiones he probado), y transmite mucha paz, como si siempre desprendiera una especie de equilibrio, un aura blanco. Es un buen amigo que echo en falta, pero que gracias a las tecnologías parece que esta un poco más cerca de lo que realmente está. Es de estas personas que se complementan bien según con quien; si me tuviera que representar en un dibujito, lo haría como un cielo con nubes de tormenta en un día de Otoño, mi estación favorita; Conrad es el tímido Sol que comienza a dar calor en los días de primavera. Las dos estaciones olvidadas del año. (Conrad, vuélvete ya).
Y después de este pequeño homenaje - zalamería que me sirve para agradecer que me enviara desde Brasil las fotos que acompañan el post, vamos al grano del asunto. El cementerio de Sao Paolo, o necrópolis homónima, data de 1926 y registra mas de 140.000 sepulturas. Surgió por la necesidad de un nuevo lugar donde sepultar a la alta elite social de la ciudad.
En las décadas siguientes a su construcción, se fueron creando mausoleos y grandes obras funerarias para albergar los restos de militares, artistas, atletas empresarios etc. que habían prosperado después del establecimiento de la sociedad del trabajo libre . Allí descansan entre otros políticos como Pedro de Toledo y Prestes Maia, los escritores Menotti Del Picchia, Francisca Júlia de Silva y Paulo Duarte, los artistas Victor Brecheret, Aldo Bonadei y Nicola Rollo, el empresario José Ermírio de Moraes, el jurista Miguel Reale, el médium Carmine Mirabelli, entre otros. Abriga también el jazigo del general Miguel Costa, comandante de la Columna Prestes, túmulos de combatientes muertos en la Revolución Constitucionalista de 1932 y de los estudiantes Dráusio Marcondes de Sousa y Orlando de Oliveira Alvarenga, símbolos del movimiento.
No suelo ser yo muy dado a dar un exceso de documentación sobre los cementerios, ya que esta puede ser encontrada en cualquier articulo de Internet, me suele gustar mas la impresión que me provoca cada necrópolis que visito. El caso es que como en esta no lo he hecho, espero que mi amigo Conrad, en un comentario nos de la suya.
Por cierto, la foto que pongo a continuación es digna de Cuarto Milenio. Por primera vez desde que veo alguna foto de cementerios, he visto algo raro. Si os fijáis, en la pared oscura de la izquierda parece reflejarse. Decidme si lo veis y que os parece.
Para ver todas las fotos, pinchad aqui.

sábado, 4 de septiembre de 2010

EL HÁBITAT DE LA ORDINARIEZ


El otro día, uno de los tantos de mis vacaciones, estaba yo tan agobiado en la playa como de costumbre, cuando apareció frente a mí una de esas Chonis que tan mal sobrellevo. Allá llegó ella con su pelo oxigenado, su bikini de mercadillo, sus gritos, su paquete de tabaco en la mano, su cigarrillo en la boca a modo camionero y sobre todo su voz, esa voz chillona y estridente que hace que todo el mundo vuelva la cabeza a mirar esos cutre tatuajes que decoran su piel.
A mí, que tan poco me gustan las playas porque no soporto el calor ni la arena pegajosa ni los rayos de sol. A mí que me molesta más un grito que un mosquito, va la choni y se me pone delante. En ese momento pensé que mi jornada de playa, por el día de hoy había concluido; pero luego recapacité y me di cuenta que tenía ante mí una oportunidad de oro para observar y estudiar como se desenvuelven las chonis en sus jornadas vacacionales, en un hábitat diferente al habitual. Dejé reposar mi libro de Saramago sobre las piernas, me puse las gafas de sol y comencé a estudiar su comportamiento al mismo tiempo que me preguntaba como es posible el triunfo de las chonis en la sociedad actual.
Nuestra Belén Esteban particular, que como musa de todas las chonis inspira a esta que tenemos enfrente, se quito la parte superior del bikini dejando al descubierto sus tetas operadas (todas las chonis hacen Toples por supuesto) tiró el cigarro casi consumido al suelo, lo enterró en la arena con un movimiento rápido de sus pies y se sentó al sol, mientras la jauría de niños que llevaba alrededor montaban su campamento casi a mis pies y me llenaban de tierra las paginas del libro, con cada palada de arena que sacaban.
En fin, todo sea por la ciencia, pensé yo, aguantemos a ver que es lo que hace.
Como cabe esperar, a los diez minutos de observarla, llegué a la conclusión de que básicamente las chonis no hacen nada, salvo fumar mucho, gritar más todavía, y hacer gala de su ordinariez.
No quiero resultar clasista, ni que este post sea un insulto a tan sofisticada e ilustrada corriente artística, no, no. Cada uno es como es. Mi pregunta es ¿Por qué lo cutre esta tan de moda?¿Por qué se premia el chonismo en televisión frente a otras programaciones algo menos horteras? ¿Por qué nos hace tanta gracias ver a semejantes mujeres (y hombres que también tienen su aquel) comportándose de manera tan vulgar?
Las chonis llenan mercados, arrasan en televisión, pueblan bares a la hora del café, se reproducen por las tiendas de ropa china y se han hecho con casi todas las peluquerías de barrio. ¡Es como si Almodóvar hubiera asumido la presidencia del gobierno!(algo que no me extrañaría por otro lado)
En definitiva llegué a la conclusión de que si, que debo ser un clasista, que un poco de superficialidad y vulgaridad como decía Alaska, no esta mal, pero tanta ya cansa. Las chonis se creen la nuevas generaciones de las marujas, pero nada más lejos. Mas quisiera una choni tener la elegancia de una maruja.
La versión masculina la encontramos después en el marido, novio, padre de sus hijos, o lo que fuera, que apareció minutos mas tarde con la lata de cerveza en mano, el cordón de oro al cuello y la barriga redonda como un barril del susodicho liquido, y que para hacerse notar grito desde 50 metros más atrás para que todos los bañistas nos percibiéramos de su presencia.
Él sacó el móvil de la riñonera, ella el “cuore” del bolso (interesante revista para instruirse) y a pasar una jornada de playa.
Al día siguiente decidí que las playas abarrotadas no son lo mío. Que prefiero mil veces andar un poco y esconderme en algún recóndito lugar frente al mar, donde mis ojos no tengan sufrir tamaña ordinariez. Ya estoy harto de ser tan políticamente correcto ¿ME ENTIENDES!!!?
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