jueves, 13 de mayo de 2010

SEÑORAS

En esta tercera entrega del mes temático dedicado a las mujeres, quiero homenajear a las “Señoras que se ponen una bolsa en la cabeza cuando llueve” “Señoras que te dan conversación en la cola del supermercado, en la sala de espera del médico o en el autobús” “Señoras que te preguntan en el pueblo: Y tú ¿de quien eres?” “Señoras que quedan para andar, o que esconden el bolso cuando te ven”
Señoras, señoras y señoras. Las Señoras de entre 50 y 80 años han invadido Facebook.
Reconozco que siempre me ha llamado la atención especialmente los usos y costumbres de lo que desde hace siglos denominamos (con cierto aire despectivo, por cierto) Marujas. Ahondando por la red social he encontrado ejemplos clásicos de una estirpe de mujeres estupendas, con unas costumbres ejemplares y que pertenecen a una generación que adoro. Vamos, las madres de toda la vida. ¿O es que acaso alguno/a que tenga una madre de esta edad no hace muchas de las cosas que dicen en Facebook?. A mí, particularmente, me deja asombrado esta generación de mujeres valientes, que se ponen el mundo por montera y que curadas de espanto, ya no les importa llevar una bolsa en la cabeza o ponerse a hablar con uno en cualquier sitio.
Mi madre, gran señora de esta generación, cumple todos los requisitos para afiliarse a los 600 grupos que actualmente hay en Facebook.
De más pequeño, me hacía acompañarla al mercado a comprar para que luego la llevara el carro y que no tuviera que venir ella cargada hasta la casa. (por los dolores y todo eso).
Me volvia loco:
-Pide la vez en la pescadería mientras yo voy a por la fruta
-Pero Mamá …
-Venga.
Y allá que ibas tú con 14 años a gritar entre todas las Murujas: ¿Quién da la vez?. Te quedabas allí esperando para soltarle la vez a la siguiente señora y volver y con tu madre.
Al regresar, allí estaba ella, hablando con cuatro o cinco. De política, de religión, de los precios imposibles del mercado, de los hijos, del marido … tienen conversación para todo y lo fuerte es que no se conocen de nada, como mucho de la cola de espera. Pro cierto ¿Nunca os habéis preguntado porque las señoras siempre van a los puestos que más gente tienen y donde más tienen que esperar, cuando hay otros vacíos?. Es una duda que me asalta desde la infancia.
¿Y el médico? Aun hoy, si mi madre me acompaña al medico, no me deja hablar. Ella cuenta los síntomas, desde que estoy malo, y hasta el diagnostico:
-Ya le he dicho que esto es un resfriado, pero se ha empeñado en venir, cuando con unos Gelocatiles ..
-Pero Mamá, déjame que se lo diga yo.
Y lo fuerte es que luego se hace la ofendida. “Claro, que no se me explicar ahora”… Las señoras que hacen todas estas cosas, son estupendas. Algunas veces, hablando con mis amigos, nos reímos (sanamente) de cómo todas ellas se parecen tanto. Todas las madres, al menos por aquí, cuando éramos pequeños y hacíamos alguna trastada, muy ofendidas decian:
-¡Cualquier día me lío la manta a la cabeza y me voy, que me tenéis harta!- y yo pensaba a donde ira esta mujer con una manta en la cabeza. Todas las madres tenían mantas para liarse a la cabeza e irse. Grandiosas nuestras señoras. ¿Y los dolores? Si a una le duele algo a la otra mucho más. Si una tiene un hijo con carrera y bien colocado, la otra, mejor aun. Son competitivas ellas. ¿Y cuando salían corriendo detrás de uno con la zapatilla en la mano?
En fin, podría poner mil y un ejemplos en los que seguro muchos os veríais identificados, pero con mirar alrededor, ir a misa o a una boda, podremos disfrutar nuevamente de las geniales señoras que tanto nos dan. Además desde que han surgido en Facebook las observo más y me doy cuenta de que son la caña..
Hoy, quiero romper una lanza a favor de las Señoras Españolas. Esas estupendísimas mujeres que siempre cocinan bien, que se ahuecan el pelo hasta lo imposible, que leen moviendo los labios, que hacen “cocretas”, que se ponen la chaqueta sin usar las mangas y muchísimas más cosas de las no nos acordamos, porque sin estas señoras, que sería de nosotros …
Os dejo un corto muy bueno sobre el tema.

lunes, 10 de mayo de 2010

ELENA

Si hay algo que uno no olvida nunca, eso es su primer amor. El mío se llamaba Elena y recuerdo como si fuera ahora misma el color de su piel, la profundidad de sus ojos y hasta su aroma. Usaba una colonia que se llamaba Musk y que olía ropa limpia.
¿Qué tendría yo? Probablemente catorce o quince años, no más. Acababa de empezar el instituto y no conocía a nadie. Allí llegué yo, el raro, vestido de negro y con el pelo cardado. Todo el mundo tenía la misma cara de no saber muy bien a donde mirar. Iban nombrando desde la puerta y te asignaban el grupo con el que pasarías los próximos años, y entonces la vi. Tan rara como yo. Recuerdo que iba con un pantalón ancho negro, una camiseta de Siouxie, unos guantes con los dedos cortados y el flequillo con un cardado imposible. La vi y me enamoré. Sí, es verdad, yo no creo en el amor a primera vista, pero con quince años eso pasa. Desde que crucé una mirada con ella, mi único objetivo fue conquistarla.
Por desgracia no nos tocó el mismo grupo, así que como me moría de vergüenza si tenía que ir a lo bestia y presentarme, me hice amigo de sus amigas en cuestión de una semana, y se dio el caso de que me hablaba con todas menos con Elena. Un día, después de tres meses, ya no pude más y como que no quiere la cosa, me acerqué a ella temblando, con un nudo en la garganta y una tensión nerviosa al borde del ataque, y le dije que me gustaba. Elena no se sorprendió lo más mínimo, al revés, me dijo que ya lo sabía, que todas sus amigas se lo habían dicho y que estaba encantada de conocerme.
Quedamos una tarde. Hacia frío y nada más romper el hielo de la primera conversación, ella se acercó a mi y me dio la mano. Pasamos una tarde y otra. Una semana y otra. Un mes y otro, y todo se acabó.
Hace años los noviazgos no eran como ahora. No te acostabas a la primera, solo ibas de la mano y te dabas algún beso que otro. Así que ese fue nuestro fugaz noviazgo: hablábamos, nos reíamos, nos cogíamos de la mano y poco más; hasta que llegó otro más mayor y más guapo y me la quitó.
Durante varios días después fui a su barrio solo para verla salir del portal, imaginando una reconciliación de novela que nunca llegó y volvía a casa cantando una canción de mi grupo preferido, los secretos. Si, esa misma que esta sonando ahora mismo.
Nunca he vuelto a sentir aquella sensación. A pesar de buscarla, nunca más me enamoré de la misma forma. He querido más, cierto. He mantenido relaciones más serias y duraderas que la de Elena, que no fue mas que un amor de adolescencia que visto con la perspectiva del tiempo, hoy hubiera pasado sin pena ni gloria; sin embargo ese nudo, esa sensación de felicidad, ese no sé qué, no lo he vuelto a sentir nunca. Supongo que solo será cuestión edad.
Olvidar la relación de dos meses con ella me supuso años. De hecho, aun cuando me la cruzo (y ni siquiera nos saludamos), la miro y nuevamente algo se mueve por dentro. Guardo en casa las cuatro fotos que nos hicimos en un foto matón del barrio, sonrientes, adolescentes...
Dicen que el primer amor no se olvida nunca, muchas veces pienso que hubiera pasado si ella me hubiera hecho caso. Nada, me contesto, seguro que estaría en el mismo punto que estoy ahora. O no.
Así pues, mi primer amor se llamaba Elena. Era una chica estupenda y guapísima. Morena, de pelo liso y flequillo cardado, ojos oscuros y labios gruesos, Y tan guapa y especial que nunca he conseguido olvidarla del todo.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Mamá

Ha llegado Mayo. El mes de las flores y, para mí, también de las mujeres. ¿Por qué?: Comenzamos el mes con el día de la madre; en este mes también surgió mi primera amor, murió Lola Flores …. En fin que es un mes que inevitablemente me parece dedicado a la mujer. Es por esto que voy a intentar dedicárselo en el blog todo lo que pueda, y si tengo ideas para conseguirlo, durante todo el mes las entradas hablaran de ellas. Un mes temático.
Y si hay una mujer en mi vida por excelencia, de la que nunca dejé de estar enamorado y a la que quiero por encima de todo, esa es mi madre. Sí, ya lo sé, para todo el mundo su madre es muy importante. Pues para mí también. Creo que nunca cortamos el cordón umbilical y ahí seguimos, unidos como cuando aun habitaba en su barriga.
Por suerte, aunque mayor, mi madre aun vive y espero que dure mucho. El recuerdo de ella más remoto es en la casa de campo, con un bañador morado y una especie de gorro de tela estilo Grace kelly, cortando flores o barriendo la gran explanada. También tengo como en fotogramas la imagen suya bailando con mi padre en las fiestas del pueblo. Aunque parezca mentira, también me recuerdo también a mi mismo en la cuna, una especie de armazón metálico situado bajo la ventana de la habitación de mis padres. Podéis suponer que todos tenemos millones de recuerdos con nuestras madres.
Las madres, su aroma, y su especial forma de cuidarnos. Es sabido que cualquier animal cuando nace, distingue perfectamente el olor de su madre y la identifica. Sabe que junto a ella nunca correrá peligro. A los humanos nos pasa igual, distinguimos con los ojos cerrados su olor, esa mezcla de jabón de Marsella, perfume y un toque especial que cada una aporta. Aun con mis años (que aunque no son muchos ya soy mayorcito), si estoy un poco flojo me arrimo a ella, dejo que pase la mano por mi pelo y vuelvo a la niñez. Otra vez quiero que me cuide.
¿Y cuando estoy enfermo?. Ella siempre llega con la taza de caldo a tiempo, con la mano fría sobre la frente para aliviar la fiebre o con la infusión de menta, miel e higos que aprendió de mi abuela y que alivia la tos. Mi madre. Mis amigos dicen que estoy enmadrado porque todos se han independizado y tienen la rigurosa comida familiar una vez a la semana para ver a sus madres, mientras yo, independizado y todo, como y ceno todos los días con ella, cuando no me quedo a dormir todavía en casa un par de veces a la semana. Que le vamos a hacer, estaré enmadrado. Todavía dejo unos días de mis vacaciones para irme con ella a la playa, saco ratos libres para ver juntos una obra de teatro o ir al cine de vez en cuando, pero aun así creo que no le dedico todo el tiempo que se merece. Este mundo va tan rápido que …
Ahora se ha convertido con los años en una señora estupenda pero algo gruñona, con peor humor muchas de las veces y un poquito más seria. Discutimos muchas veces porque hace oídos sordos a lo que no le interesa oír. Escucha las noticias en la radio y luego nos las cuenta a su manera y a mi me hace gracia porque la mayoría de las veces no acierta. Así que se enfada porque dice que la tenemos por tonta. Los años no perdonan para nadie. Nos da de vez en cuando algún susto con la salud, protesta porque el médico no la deja tomar sal y se pasa horas y horas leyendo. Toma más medicinas de las que debe porque siempre le duele algo, salvo cuando esta entretenida, y sigue disfrutando con las flores, plantando geranios o llenado el jardín de petunias. Pero en esencia sigue siendo la misma mujer fuerte, culta, entregada a sus hijos y al mundo, dulce (cuando quiere), seria cuando la situación lo requiere, educadora con sus hijos tengamos los años que tengamos, y unida a mí y yo a ella por un cordón umbilical que no nos separará jamás.
Esa es mi madre.

jueves, 29 de abril de 2010

Yo, tú, él. Nosotros, vosotros y ellos.

Dicen que formamos parte del universo. Como una molécula pequeñita de polvo, nada más, pero somos parte de él. Dicen que llegamos condicionados por el lugar. El país donde nacemos nos otorga una cultura, unas tradiciones, una lengua, un estatus social incluso. Dicen que la tierra tiene millones de años, y en un fragmento de este tiempo, mas pequeño que un segundo, pasamos nosotros, en ese instante que hemos venido a llamar vida.
Y después de esta introducción pienso yo: Si solo estamos aquí un rato ¿para qué nos complicamos tanto la vida?. Si, sé que últimamente estoy un poco negativo con el entorno, dándole vueltas al mundo como si de mi dependiera que girara, pero es que no lo puedo evitar. Veo todo raro, y no hablo de política que me ciego...
Las personas van cada una a su rollo, con un individualismo casi enfermizo. No tenemos tiempo para nada, solo para trabajar. Hoy en día el mas estresado es el triunfador. El despiadado que pisa a cualquiera para llegar la cima, es el rey.
¿Dónde quedaron otros valores? La amistad por ejemplo. Por suerte tengo grandes amigos, siempre a mi lado para cualquier cosa, pero que difícil es que surja alguno más. Todo el mundo esta a lo suyo.
Queremos tener todo regulado, con leyes que marquen hasta el ritmo de nuestros pasos: No fumes, no bebas, no salgas, no te drogues, no comas alimentos transgénicos, haz deporte, come pescado fruta y conservas: es un consejo del gobierno de España. !Pero si nos vamos a morir igual, dejadme que coma lo que quiera!
Poderoso caballero es Don Dinero. Esa la otra. La avaricia. Tanto tienes tanto vales. A mí me suele dar vergüenza decir mi sueldo, porque después de toda una vida de trabajo, todo el mundo (hasta el más desgraciado) gana más que yo. Así que ahora prefiero mentir y decir que gano todavía menos de lo que gano (que ya es decir), siguiendo los consejos de mi madre que siempre ha dicho “hijo mío, mejor que te tengan lástima a que te tenga envida, que la envidia es carrera del diablo”, y las madres nunca mienten.
Hoy en día no es una gran persona el que hace algo por la humanidad, inventa una vacuna que cura el SIDA o simplemente dedica unas horas de su tiempo a acompañar ancianos o a atender a sus padres. No, el triunfador es el que gana mucho. El que tiene un Iphone ( que por cierto, como me gusta ese móvil)o el que trabaja de las 24 horas, 23 y media. Aunque su vida sea una mierda (con perdón), el que tiene una casa más grande, un coche mejor, una vida de aparente lujo.
STOP. Vamos a parar a seco. Frena, me digo. Mira el mundo. No es que yo me haya convertido en un místico anacoreta, alejado de la realidad. Me gusta el mundo y lo que hay. Es que creo que hemos dejado de mirar las cosas sencillas, esas que si te dan felicidad: La llamada de alguien que no esperabas, el apoyo en un momento duro, una comida familiar, un poco más de humanidad, la empatía, el ponerse en lugar de el otro. (también el Iphone, porque no).
Siempre he pensado que cada persona es única, cada ser humano que tenemos ocasión de conocer es un regalo, una joya que se nos entrega para cuidarla y respetarla y, por qué no, hacerla parte de nuestras vidas.
Hagámoslo, no es tan difícil. Miremos un poco más por las personas, que si algo queda de nosotros cuando nos hayamos ido será solo el amor que aquí dejemos. Y el mundo, en ese corto espacio de tiempo que en el habitamos será, seguramente, un poquito mejor.

(Perdón si me pasé de misticismo, pero es que estamos a Jueves y me acabo de comprar un Iphone.)

lunes, 26 de abril de 2010

¡Ay, el pollo!

Cuidado chicos que con el pollo que os crecen las tetas, os quedáis calvos y os volvéis homosexuales (el que ya lo sea no tiene por qué preocuparse). Así que cuidado con estas aves.
Lo que tenemos que oír cada día de estos dirigentes cazurros de allende los mares (cuando no de los de aquí) es inaudito. Si es que lo no puede ser, no puede ser, y además es imposible. Entre curas, Evos Morales, ZPs y otros personajes de la flora y fauna de este mundo, uno no deja de sorprenderse. Dan para hacer entradas y entradas de blogs. No tienes nada más que abrir Google y te dan mil ideas. Y digo yo: ¿es qué los políticos, ya sean de aquí o de otros países, no tienen otra cosa en que pensar que en todas payasadas que se les ocurren?. Yo les voy a dar ideas. Por ejemplo podían gobernar. ¿Que tal si escuchan a los ciudadanos que les votaron y les ofrecen un pais o un mundo mejor en el que vivir? ¿ y si hacen algo para que el mundo funcione mejor, en vez de hablar de miembros y "miembras", de chupones y chuponas de la SGAE, y de jueces presuntamente prevaricadores?. Es una idea, nada más.
Pero volviendo a Evo, ese hombre primitivo que gobierna Bolivia y que maneja un vocabulario tan limitado que apenas se le entiende cuando farfulla, tiene joyas dignas de un jefe de tribu precolombina. La semana pasada Evo (que es como Eva, pero en masculino) presidió la Conferencia de los Pueblos sobre el Cambio Climático. Como era de esperar, sus amigos, los revolucionarios Hugo Chávez y Daniel Ortega, se unieron a tan singular evento que parecía más un aquelarre anti-capitalista con tintes folclóricos que una cumbre de dignatarios. Allí había mucha onda telúrica y el empeño en retornar a la semilla después de tantos siglos de humanismo que nos ha llevado hasta el progreso. A Evo sólo le faltó subirse a una pirámide azteca y comenzar a arrojar las cabezas degolladas de sus enemigos. Como echarían de menos al cuarto en discordia. Si, ese, el nuestro. El que ahora esta tan ocupado con la presidencia Europea que se ha olvidado de su país. Ah no, que antes de tan honorífico puesto que por turno le corresponde, ya se le había olvidado que tenía que gobernar.
Fue una suerte que a semejante barahúnda no acudieran ni europeos calvos ni gays, porque seguramente los habrían sometido a sacrificios humanos. Los primeros, por el pecado de haber ingerido alimentos transgénicos importados del imperio yanqui con el malvado propósito de propagar una alopecia planetaria. Los segundos, por haberse inflado a comer tanto pollo con hormonas femeninas que les ha hecha salir más plumas que a las susodichas aves de granja, transformándose en hombres con una sexualidad desviada. No lo digo yo, lo dice Evo.
Que mundo Dios mío, mires para donde mires. Menos mal que en todo país civilizado existe una oposición en los parlamentos para poner un poco de cordura. Por ejemplo en España. Menos mal que esta la oposición para poner un poco de orden. Perdón me he equivocado ¿he dicho orden?¿he dicho cordura? ¿he dicho oposición?. No me acordaba que en España no hay de eso, que la oposición esta a otras cosas, a todo el rollo ese de gobernar a costa de lo que sea. (en Bolivia para que hablar).
Donde vamos a llegar … Con vuestro permiso voy a dejar de leer las ediciones digitales de los periódicos y las noticias de Google. Tampoco voy a ver los programas súper objetivos de Inter Economía, ni los telediarios que se encargan de tergiversar todo lo que llega a sus manos. Con vuestro permiso me retiro, que es la hora de comer y hoy toca pollo con patatas (todo transgénico, por supuesto).

miércoles, 21 de abril de 2010

Un paseo por San Lorenzo

No dejo de descubrir pequeños rincones de Madrid apartados del ruido de los coches y el barullo de la gente. Cuando me apetece tranquilidad, relajación y arte que mejor sitio que un cementerio. Me quedan aun por visitar unos cuantos y uno de ellos era el de San Lorenzo y San Jose. Este cementerio escondido y antiquísimo se encuentra en el distrito de Carabanchel.
Llegué hasta allí con el coche y, tras atravesar unos enormes portones de hierro, accedí a este lugar que como todos los sacramentales destaca por lo solitario y bello. Nada más entrar, se encuentra la tumba de Raimundo Fernández Villaverde y un patio a dos alturas rodeado de nichos negros en los que apenas pueden leerse las inscripciones. Observé que la mayoría databan de principios de siglo. Me recreé en las esculturas de ángeles que son las que más me gustan. La mañana estaba lluviosa y oscura lo cual favorece a estos lugares. De este patio pasé a otro atravesando una pequeña capilla y de allí a otro hasta no saber muy bien donde me encontraba. La lápidas están muy juntas sin apenas dejar pasillo entre ellas, y los cipreses cobijan precioso panteones y desgastadas esculturas de mármol. Allí descansan aparte del ya mencionado Fernadez Villaverde, los condes de Montijo, padres de Eugenia de Montijo.
Me gustan los cementerios, los que me siguen en este blog desde el principio ya lo saben. Me relajan, me hacer tocar el suelo, sentir la finitud de la vida.
Yo, que soy persona que paso en un santiamén de la frivolidad al más absoluto misticismo, no siento miedo de estos lugares. Siempre con el máximo respeto a los que allí descansan, paseo, observo, leo inscripciones, imagino que bajo todas esas losas hay personas que algún día pensaron, sintieron y vivieron como yo.
Rotos todos los prejuicios existentes con respecto a los camposantos, un cementerio, sobre todo cuando es antiguo y tiene arte para mostrar, es una terapia estupenda, un choque frontal con la realidad que siempre viene bien.
Mis amigos catalanes, sobre todo Toni Collbató, esta haciendo una estupenda labor para promocionar las rutas europeas por cementerios, las que desde este blog me uno e incluyo un icono en lado posterior para sumarse a esta iniciativa.
Dejo todas las fotos que hice para os hagais una idea del lugar, podéis verlas pinchando aqui.

sábado, 17 de abril de 2010

¿Dónde vas tan rápido?

Eso es lo que se suele decir cuando algún bala nos adelanta por la carretera, le ves pasar de largo y al minuto le pierdes de vista. Pero yo no me refiero a eso. Me refiero al propio tiempo. Pero ¿Dónde va tan rápido? ¿Por qué corres tanto?.
Ayer salí de la oficina a media mañana. Para llegar al BBVA, sitio a donde me dirigía, tenía que cruzar por delante de un instituto justo a la hora del descanso. Allí estaban todos los mozos y mozas de 16 años al calor del sol mañanero, con un bocadillo en una mano y un cigarro en la otra. Mucho antes de pasar por delante ya escuché el barullo de voces y el griterío de los chavales. Por un instante, como un rayo, llegó a mi cabeza cuando el que estaba allí sentado era yo. Tampoco hace tanto me dije. Dudé. ¿15,16,17 años?. ¿Ya hace por lo menos quince años que yo tenía quince?. Que rápido pasa el tiempo, me dije, parece que fue ayer. ¿Por qué el tiempo va tan rápido?¿A dónde va a tanta velocidad? Con quince años me imaginaba la vida como una experiencia llena de aventuras. Montaría un negocio que funcionaria bien, encontraría a alguien con quien pasar mi vida, tendría hijos antes de darme cuenta. Viajaría por el mundo, eso si, mucho antes de lo de los hijos, y a los cuarenta por ejemplo estaría montado con un piso enorme y una vida completa. Nada. Ni me casé ni conocí todo el mundo que esperaba, sólo el que me ha dado tiempo. Lo de los hijos comprendí enseguida que no estaba hecho para mí. Y el tiempo pasó. Cuidado, me gusta mi vida, todo lo que he hecho en ella y lo que me queda; pero ¿Por qué va todo tan rápido? ¿Es que no puedo ir a la par, que el tiempo dure lo que tiene que durar?
Cuando regresé a la oficina abrí un momento mi correo y me saltó un mensaje del facebook. Que invento esto del Facebook, por cierto. Por ahí aparecen amigos de otros tiempos, de antes de que uno se reencarnara en quien es incluso. Como si se comunicara a través de la guija, apareció como de la nada un mensaje de una amiga que ya casi no recordaba. Acepte corriendo y vi sus fotos actuales: casada, con hijos, igual de guapa pero en la treintena como yo. ¡Dios mio, esta mujer! Cuantas risas juntos, cuantos planes, cuantas tardes de invierno de discotecas en discoteca. Vi toda la lista de amigos ( en Facebook solo tengo a mis amigos, nada de desconocidos) y me fui fijando en sus caras. Como a pasado el tiempo para todos. Apenas hace unos años estábamos pegando botes en cualquier alter hours de viernes a domingo, y ahora salgo un día y me harto para dos semanas. ¿En que momento paré mis salidas y decidí que estar por dejándome la piel en cualquier antro de Madrid ya no estaba hecho para mi, al menos para hacerlo todos los días?
Tic tac, Tic tac. El tiempo no se para nunca. Nunca lo dejamos atrás, bueno si, el último de nuestros días; pero el resto, como mucho, nos adelanta. Pasa a nuestro lado como ese coche bala. Pocas veces le llevamos en el mismo carril, acompañándonos. !Me falta tiempo para hacer todo lo que tengo que hacer¡ Uno se mira al espejo a diario y apenas si tiene tiempo para percatase que pequeñísimas arrugas (muy pequeñísimas desde luego) van apareciendo sin que se pueda hacer nada para evitarlo. Tiempo, tiempo, tiempo. Esos minutos que nunca tenemos, esos días que se marchan. Esas vacaciones que tanto esperas y pasan antes de que lleguen. Aquellos amigos que dejas de ver por falta de tiempo. Los estudios que se quedaron a medias por que no podías compaginar con el trabajo. La obra de teatro que retiraron de la cartelera por que un fin de semana tras otro no encontraste el momento. Aquel viaje, aquel sueño. Menos mal que para muchas otras cosas el tiempo se adapta y se pueden cumplir.
Tiempo, eso es lo que falta. Y si pudiera hablar con él le diría: Pero ¿Dónde vas tan rápido?
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