domingo, 28 de agosto de 2011

Dia 6.- Gonzar - Casanova


Decidimos madrugar algo más, aunque no con mucho éxito, por que al final nuevamente salimos pasadas las 8 de la mañana. Desayunamos bien en el albergue junto a Blas y Helen. Estaba amaneciendo y no hacía nada de frío.
Comenzamos a andar atravesando la pequeñísima población de Gonzar y una cruz de piedra que aproveché para fotografiar y que hoy ilustra la entrada. Enseguida nos adentramos en un bosque repleto de eucaliptos y pinos. Los peregrinos desde Sarria iban en aumento y ya mucha gente ni siquiera nos sonaba. Nuevamente caminé en silencio pero al lado de mis chicas. Íbamos concentrados en lo nuestro. Poco a poco nos íbamos adaptando al camino, al silencio, a las pausas. Pequeñas subidas y bajadas, un paisaje bastante parecido todo el rato pero suave y cómodo. Sobre las diez de la mañana nos cruzamos con el grupo de catalanes que conocimos un par de noches antes en el albergue. Sin saber por qué, me enfrasqué en una conversación envolvente con uno de ellos, Carlos, y comenzamos a caminar tan rápido que perdimos de vista a los demás. Durante más de tres horas no recuerdo que pasó con el paisaje, ni si estaba cansado o no. Me sentía tan a gusto con ese chico que no me di cuenta de lo que pasaba alrededor. Me estuvo contando anécdotas de su camino, desde el primer albergue y enseguida comprendí que era de los míos, de los que ve la vida como yo. Pasamos por maizales y campos labrado mientras el sol calentaba más de la cuenta, hasta que vimos el cartel que indicaba la población de Palas de rei. Allí se quedaban ellos, nosotros continuábamos hasta Casanova. Mientras esperábamos a su grupo y el mío nos tomamos una cerveza en la primera terraza que encontramos. Allí me contó sobre su profesión y algo de su vida. Al rato aparecieron los demás y nos separamos nuevamente. Sin darme cuenta tenia un nuevo amigo mas allá del peregrinaje.
Desde Palas a Casanova caminé con las chicas que ya iban algo cansadas, yo ya me había adaptado al camino.
El albergue donde nos alojamos se llama Casa Domingo, uno de los mejores de los escogidos para el camino. Nos hizo ilusión encontrarnos allí con todos los peregrinos que a lo largo del camino fuimos conociendo. Un lugar perfecto y muy bonito del que dejo enlace por si alguna vez os animáis.
Como decía nada más entrar nos encontramos con la pareja de Albacete y los sevillanos. El matrimonio catalán de Banyolas con los que coincidimos en el primer albergue, con Helen y su padre y con el grupo de Valladolid. Me di cuenta de lo feliz que me hacia juntarme con todo esa gente esa noche.
Comimos algo ligero y reservamos espacio para la cena que se daba a las 8 de la tarde.
Me eché un rato la siesta y luego salí al jardín. Una extensa explanada de hierba donde pastaban vacas. Me encantó el lugar.
La cena fue algo parecida a una boda medieval. Nos pusieron a todos juntos en una mesa, mas de 15 personas y tras una abundante comida, nos reímos y compartimos dos horas donde nuevamente me sentí pleno.
Con que poco se puede ser feliz en el camino.
Sobre las diez se fueron todos a dormir. Inma y yo nos quedamos con los chicos de Valladolid hasta las 11 y media viendo las estrellas y riéndonos de los chistes que contaban. Otra vez la velada fue espectacular. Me hubiera quedado con ese día como el mejor de todo el camino.

sábado, 27 de agosto de 2011

Día 7.- Casanova -Arzua


Ya nos avisaron el día anterior que al día siguiente por ser domingo no nos iban a dar de desayunar. Nos indicaron un lugar por el que salir sin cruzar el albergue y nos dieron las buenas noches. Sabíamos que hasta después de cuatro kilómetros no podríamos desayunar.
Ese día madrugamos poco. Queríamos llegar a Melide tarde para comer pulpo y albariño en Casa Ezequiel.
Nos levantamos sobre las 8 y media. Todo el albergue había madrugado más, salvo los de Valladolid que no daban muestras de vida.
Nos incorporamos al camino y enseguida empezamos a ver peregrinos extranjeros como salidos de la nada. No teníamos muchas ganas de hablar ni de nada porque íbamos en ayunas, pero caminamos en busca de un café y una tostada a paso ligero.
El camino de tierra y poco empedrado era bastante cómodo. Desde varias etapas atrás resultaba fácil caminar. También comenzaba a ser más feo. A poco más de un kilómetro nos cruzamos con el señor del carrito y su mujer. Estaban en un pequeño riachuelo mojándose los pies en el agua helada. Es un matrimonio simpático, que se ve que se llevan bien. La edad no la sabemos ni la preguntamos, es una indiscreción, pero suponemos que los 70 ya los tienen cumplidos. La mujer se quedo con mi hermana y con Inma, y el hombre y yo caminamos algo más rápido hasta pederlas de vista. Es un matrimonio de profundas convicciones cristianas y de los que hacen el camino por fe. Me contó que se trataba de la séptima vez que lo hacia, dando gracias a Dios por tantos dones. Me apasionó su forma de contarme su fe, su amor intenso hacia dios, el paso firme con el caminaba guiado por una fuerza interior que le hacia olvidar su edad. Me vi a mi mismo haciendo el camino con su edad…¿Llegaré?
Tras un tramo de subida le sugerí esperar a su mujer y mi grupo para continuar. Nada más llegar y tras unos metros encontramos el ansiado bar donde desayunar. El matrimonio se despidió de nosotros pero allí estaban el padre y la hija sentados en una mesa. Nos sentamos con ellos y Blas, tan generoso, no trajo el desayuno y nos invitó a café y tostadas. Es un hombre con un gran sentido del humor y una humanidad impresionante. Aprovechamos para preguntar a Helen sobre sus peripecias en África, dudas que nos habían surgido sobre ella, y amablemente nos contó su experiencia. Me dejó impresionado el amor con el que hablaba de aquella gente, la pobreza casi era un don para ella, y cuenta lo difícil que le resultó marchar de allí y volver a España.
Tras el desayuna continuamos la marcha con ellos. Caminar con esta pareja es una experiencia buena para nosotros. Paramos en una iglesia a sellar y a hacernos fotos. Blas hablaba con todo el mundo y estaba de un humor estupendo.
Por el camino se agregaron a la marcha otras dos peregrinas, Encar y Agueda, con las que fuimos haciendo algunas fotos, pero casi no cruzamos palabra.
Tras otros 8 kilómetros llegamos a Melide.
Como la otra vez, la ciudad me resultó agobiante. Mucho trafico tras tantos días de silencio, mucha gente, mucho asfalto, mucho todo. Seguimos las flechas y al pasar por delante de la pulpería paramos a probar el famoso manjar. Blas y Helen se marcharon porque querían r a misa de 12.
Pedimos una gran ración de pulpo y un botella de vino blanco. A los poco minutos aparecieron las dos chicas, y se sentaron con nosotros. Enseguida hicimos una amena conversación. Encar y Águeda son de Alicante. Nos contaron su experiencia del camino y me regalaron una oración que transcribiré al final de todo el relato porque resume muy bien lo que es el camino. Ambas estaban muy felices por la experiencia. Les comenté la plenitud en la que yo también me encontraba. Se crearon en ese rato, y con dos botellas más de albariño y otra ración de pimientos del piquillo, un vinculo que nos acompañó hasta Santiago y que espero que perdure en el tiempo.
Nos dimos cuenta de que era muy tarde para continuar, la 1 y media exactamente, pero con el animo exaltado por el alcohol y el pulpo nos pusimos en ellos. Visitamos alguna parroquia de Melide y continuamos rumbo a Arzúa.
Al tramo restante hasta destino lo llaman “el rompepiernas”, ya podéis imaginar porque: subidas y bajadas, subidas y bajadas. El sol comenzó a apretar con fuerza y a las tres de a tarde, en medio de una cuesta arriba y a treinta grados ya no podíamos con más. Miramos el plano y descubrimos que aun quedaban once kilómetros. La etapa se estaba convirtiendo en interminable. Decidimos parar a comer algo, aunque no teníamos hambre, y esperar que el sol bajara un poco.
En una terraza de un bar, bajo una parra, comimos unos bocadillos, preguntamos 20 veces a la desagradable camarera cuanto quedaba hasta Arzúa e hicimos tiempo hasta las 5 más o menos. Continuamos.
Decidí no parar más ya que estaba realmente cansado, y en cada parada me enfriaba y me daba más pereza continuar.
Hacia calor, pero era cuestión de no pensar en ello. Pasamos por Boente, Castañeda y Ribadiso donde la mayoría de los peregrinos se quedaban en el albergue, uno de los mejores del camino, pero nosotros continuamos un par de kilómetros más hasta Arzúa. Mi hermana y yo perdimos de vista a Inma y a las alicantinas pero nos dio igual. Subimos una pendiente fuerte y llegamos a Arzúa sobre las 6 y media.
El albergue vía láctea era enorme, como un hotel con recepción y todo tipo de servicios.
Nos dimos una ducha, esperamos la resto, salimos a comprar cena, cenamos pronto y nos acostamos sobre las 10. La experiencia de hoy nos dio la razón de que realmente teníamos que madrugar más. Llegar con este calor al albergue no podía ser bueno.

jueves, 25 de agosto de 2011

Dia 8.- Arzua-Arca do pino


Y hoy si. Es como si nos hubiera costado aprender la lección. Este casi último día por fin madrugamos de verdad. MáAlineación a la izquierdas tarde que cualquier otro peregrino, ya que cuando nos levantamos todos habían marchado ya, pero para nosotros fue el día que más temprano amanecimos. Las 6 y media.
Desayunamos en el albergue y discutí con las chicas por el tiempo que perdían para acicalarse. Al final sobre las 7 y media comenzamos nuestro penúltimo día de caminata. Enseguida encontramos la salida del pueblo y nos adentramos en el bosque. Encar y Águeda habían salido diez minutos antes. Iba de buen humor. Algo triste por ser el penúltimo día. Todo el rato le estaba preguntando a mi hermana su opinión sobre la experiencia del camino, que a mí me estaba apasionando y a ella nos se la veía muy convencida. La noche anterior me descargué en el Iphone una estupenda aplicación que saltaba cuando pasabas por algún punto interesante del camino. Inma y yo vimos algunos vídeos por el camino y me recriminó por no haberla descargado antes. Creo que le estaba empezando a picar el gusanillo del Iphone... me sonreí por dentro...
Esta aplicación nos indicó que casi toda la etapa estaba plagada de suaves subidas y bajadas, con pocos metros de llanura. Caminamos otro largo rato en silencio hasta nuestra primera parada en una cafetería donde había un gato que se comía todo y un cuarto de baño sin luz. desayunamos, saludamos al matrimonio de Banyolas y nos cruzaron los catalanes.
Al igual que el día anterior y sabiendo que la etapa era bastante corta para lo habitual (solo 19 km) caminé a paso ligero con la intención de no esperarlas hasta llegar al albergue. Necesitaba disfrutar del silencio de este penúltimo día.
Por el camino me encontré con las alicantinas que estaban desayunando en otro bar, pero continué hacia mi destino. El sol estaba apretando y no estaba dispuesto a llegar como el día anterior. Hice 7 u 8 km solo hasta que me encontré con los catalanes. Cruzarme con Carlos es seguir con él. Así que continuamos los dos y la chica vasca que no recuerdo su nombre, comentando más cosas y riendonos de casi todo. Lo cierto es que nuevamente se me pasó volando. Cuando llegamos a Arca me despedí de ellos y busqué el albergue Edreira.
En las últimas etapas los albergues escogidos eran como hoteles con muchas camas. Este tenia su recepción, su patio, todo muy bien organizado. Me duché, me lavé algo de ropa y esperé a las chicas que llegaron tres cuartos de hora después.
Tras unos minutos de descanso nos fuimos a comer con las alicantinas a un restaurante cercano, donde nuevamente comimos más de la cuenta.
Tras una siesta, mi hermana y yo nos dimos una vuelta por el pueblo e inma se fue a comprar la cena. Cenamos los cinco juntos en el patio del albergue. Era una cena de despedida, y la verdad que además de cansado me sentí algo emotivo. Sabia que al día siguiente todo habría acabado. Nos metimos en la cama a las 10 de la noche. Al día siguiente, el último, madrugaríamos y echaríamos a andar a las 5 de la mañana.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Dia 9- Arca do Pino - Santiago de Compostela


Y por ser el último día nos dimos el madrugón. No fuimos los únicos que decidimos levantarnos a las cuatro y media de la mañana. Como siempre algún que otro peregrino ya nos había tomado la delantera. Desayunamos en el albergue, casi a oscuras, nos abrigamos más de la cuenta por que no hacia mucho frio y comenzamos a andar.
El pueblo estaba apenas iluminado por unas cuantas farolas y salvo el ruido de nuestros bastones no se oia nada más. Tomamos calles, giramos, volvimos a subir una pequeña cuesta asfaltada y al final la boca del bosque se abrió, oscura y lúgubre. Estaba todo negro. Encendimos las linternas y fuimos buscando los indicadores del camino. Según nos adentrábamos íbamos perdiendo la referencia de las poblaciones. Oscuridad y el sonido de nuestras pisadas por el bosque es lo único que oiamos.
Teníamos algo de miedo, pero era un miedo placentero. No nos cruzamos con ningún peregrino. Solo nosotros cinco.
Noté el ansia por llegar a Santiago, y la tristeza del final. Otra vez el final. Tuve la tentación de armarme de valor y decir: No, yo me voy hasta Finisterre; pero no soy tan valiente para eso.
Caminamos alrededor de 5 km en la oscuridad de la noche y el bosque. Teníamos que llegar antes de las doce para ir a la misa del peregrino.
Pasamos cerca del aeropuerto, casi bordeando las pistas, y continuamos. Empezaba a amanecer y nos apetecia mucho un café. Lo encontramos un par de kilómetros más adelante. Esta etapa apenas tenía poblaciones.
Paramos a desayunar por segunda vez, y comprobamos que empezaba a chispear. Nos pusimos los chubasqueros, nos reimos del aspecto y continuamos.
Desde la cafetería hasta el monte do gozo es casi una línea recta, asfaltada, con bosques cercados a los lados. Se pasa por Rtve y por la televisión gallega. Notas que la ciudad esta cerca, pero no la ves.
Ascendimos la pesada cuesta hasta el monte y allí, en un dia muy nublado vimos Santiago por primera vez.
Muchos turistas llegados en autobús hacian fotos. Muchas caras nuevas.
Nos fotografiamos, esperamos a Inma y continuamos los cinco kilómetros que nos separaban de la catedral.
Que extraña sensación la de pisar Santiago. Que ansiedad por llegar… Desde que se entra a la ciudad hasta la catedral hay un buen tramo que caminas casi flotando.
Atravesamos el arco que da acceso a la plaza del obradoiro, con su gaitero, el sonido de los bastones, la majestuosa catedral. Ahí estaba, esperandonos….
Todo había terminado ya, o acababa de empezar.... Nos abrazamos, recibimos a más peregrinos que iban llegando y fuimos a por la compostela rápidamente. No nos quedaba tiempo para nada porque a las 3 y media cogiamos el avion de regreso a Madrid.
Este año vi todo mejor organizado, sin colas interminables para la compostela, sin problemas para la misa.
Dejé a las chicas que se acicalaran y me fui a la catedral. Tenia que agradecer la llegada. El fin de este camino no era otro que agradecer al que anda por ahí arriba todo lo que me había dado durante el año. Grandes problemas que se solucionaron, oraciones que no se perdieron, que las recogió.
Gracias por tantas cosas, pero sobre todo por una, o por dos. Mis dos niños y mi hermana que estan aquí para que mi vida sea más bonita de lo que ya es.
Todo mi camino estuvo dedicado a estas tres personas y merecía un rato de silencio, de agradecimiento.
La aventura había terminado. El camino habia llegado a su fin. Una extraña sensación de desasosiego y tristeza me inundó. Pero solo me quedaba esperar dos o tres años más para volver a vivir la experiencia mas bonita que puede vivir un ser humano: Bajar de las nubes y volver a sentirse eso, humano.

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En Melide, comiendo pulpo, Encar me enseñó una oración que había leido en un libro. La leí y decidí que era la mejor manera de resumir el camino. Una buena forma de entender porque se hace esto, por que este esfuerzo. El camino humaniza, iguala, despeja tu mente. El camino te enseña la sencillez y a la vez la grandeza del mundo y de las personas. Si estas aburrido, si todo te parece banal, frió, estúpido; anímate, coge una mochila con poco peso y echa a andar. Deja que el camino te lleve y te absorba. Pronto descubrirás el sentido de tu vida, el sentido de la vida...

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Bienaventurado eres, peregrino, si descubres que el camino te abre lo ojos a lo que no se ve.
Bienaventurado eres, peregrino, si lo que mas te preocupa no es llegar, sino llegar con los otros.
Bienaventurado eres, peregrino, cuando contemplas el camino y lo descubres lleno de nombres y de amaneceres.
Bienaventurado eres, peregrino, porque has descubierto que el autentico camino comienza cuando se acaba.
Bienaventurado eres, peregrino, si tu mochila se va vaciando de cosas y tu corazón no sabe donde colgar tantas emociones.
Bienaventurado eres, peregrino, si descubres que un paso atrás para ayudar a otro, vale mas que cien hacia adelante sin mirar a tu lado.
Bienaventurado eres, peregrino, cuando te faltan palabras para agradecer todo lo que te sorprende en cada recodo del camino.
Bienaventurado eres, peregrino, si buscas la verdad y haces de tu camino una vida, y de tu vida un camino, en busca de quien es el camino, la verdad y la vida.
Bienaventurado eres, peregrino, si en el camino te encuentras contigo mismo y te regalas un tiempo sin prisas para no descuidar el examen de tu corazón.
Bienaventurado eres, peregrino, si descubres que el camino tiene mucho de silencio, y el silencio mucho de oración, y la oración de encuentro con aquel que te espera.

jueves, 30 de junio de 2011

Ruta de las velas por San Isidro

Definir lo que ocurrió el Lunes pasado en el cementerio de San Isidro es difícil si no se estaba allí, ya que no se trataba solo de una visita cultural, se trataba de vivir el lugar, de descubrirlo paso a paso: su historia, sus ilustres personajes, sus preciosos panteones.
Se trataba de dejarse llevar por el silencio, por el olor de las velas y la música que ambientó el espectáculo. De la mano de Marta y Marieta de Pervive, quien tan exquisitamente me trataron, fuimos recorriendo el lugar despertando a cada paso una nueva sensación, un extraño diálogo interno.
Vamos por partes.
Con motivo del bicentenario del cementerio, el presidente de la sacramental, junto con Pervive organizó por primera vez la ruta de las velas. El acto consistía en descubrir el lugar y su historia al atardecer, a puertas cerradas e iluminado por velas … el resto fueron sorpresas. Gracias a esta iniciativa, pude visitar libremente el interior de los mas significativos panteones, como el de Gandara, fotografiar preciosas esculturas ocultas para cualquier visitante. Marta me hizo sentir como un verdadero Vibs (Very Important Blogger) termino acuñado por ella misma, y me dejó que entrara saliera, fotografiara y viera todo lo que estaba a mi alcance sin restricción alguna, conocedora como es del respeto que tengo hacia este lugar.
Poco después llegaron el resto de invitados. Todo el eje central del cementerio estaba iluminado por velas y ascendieron hasta el recibidor, donde el guía y la dama de blanco los recibió e invito a pasar al recinto. A partir de ahí y de la mano de ambos así como del historiador, fuimos descubriendo cada detalle de la ruta. Nos contó anécdotas curiosas y tristes para los amantes de la cultura, como el fusilamiento de el cristo o el destrozo a esculturas del panteón de los duques de Denia durante la guerra civil española. La historia de la Fornarina, enterrada allí, cupletista famosa de principios de siglo. Hubo tiempo para escuchar el silencio, algo tan preciado en Madrid. Hubo momentos para escuchar versos, para disfrutar de la danza del silencio frente a uno de los
más bellos panteones de la sacramental. Poco a poco fue haciéndose de noche y el lugar adquirió aun más belleza. La luz de las velas le dio un matiz distinto y desconocido para mí.
Paseamos aun por más recovecos y terminamos con un concierto de arpa magistralmente interpretado en el interior de uno de los múltiples panteones que posee este lugar.
Como bien digo es difícil describir la tarde, ya que se trataba más de sensaciones que de cultura como tal. Para mí, que los cementerios son lugares que visito con frecuencia y que fotografío siempre a escondidas, tener la libertad de pasearlo, verlo, escucharlo y saborearlo fue todo un lujo.
El trato de Pervive, como siempre excelente. La puesta en escena espectacular y las fotografías … juzgad por vosotros mismos. Podéis verlas todas pinchando aquí.
En el último momento Marta me invito a la presentación oficial al día siguiente, ya que el lunes era más bien un ensayo general y de buena gana hubiera asistido si el tiempo me lo hubiera permitido. No obstante, conociendo como conozco esta web seguro que no tardará en sorprenderme con algo nuevo.


No son los muertos los que en dulce calma de la paz disfrutan,
muertos son los que tiene muerta el alma y viven todavía.


La vida no es la vida que vivimos,
La vida en el honor es el recuerdo.
Por eso hay hombres que el mundo viven,
y hombres que viven el mundo de los muertos.

jueves, 16 de junio de 2011

Otro verano


Otra vez verano, a un paso del calor y apenas si he olvidado el del año pasado. Una caja llena de fotos que se decoloran y adquieren tonos apagados, al igual que se apagan los recuerdos de otros años, de otros veranos.
Veranos frente al mar, observando las motas doradas que flotan sobre el agua calmada del mediterráneo. Aroma a bronceador y arena. Sonidos que se mezclan con el aire salado de la playa.
Fotografías de otros años, sonrientes frente a una discoteca, sudando al lado de la piscina. Una cana más, una arruga en la frente que se suma cada año; un recuerdo que se añade al anterior. ¿Te acuerdas de aquel verano que …? ¿Dónde estábamos aquel años que comimos en una terraza desde la que se veía toda Ibiza? ¿Esa paella tan mala fue en Altea? ¿Y esa vez que decidimos buscar la playa mas escondida de la isla y casi nos perdemos?
Veranos que marchan con olor a cloro de piscina, canciones y risas. Con un color dorado, azuleando en nuestra memoria Amigos que se repiten en cada fotografía, de cada año. Que sonríen cogiéndote por los hombros, haciendo alguna tontería mientras posas para salir lo más guapo posible, lo más moreno.
Veranos infantiles, con mama mucho más joven, con papa en la playa ataviado con un sombrero de paja, cómicos, sonrientes..
Y ahora empieza otro verano, otra temporada repleta de momentos que luego marcharan y que ya no volveran. Siestas hasta que se pone el sol. Helados de todos los sabores en la nevera; Chicas y chicos guapos que apenas cubren su cuerpo. Noches de terrazas hasta las tres de la mañana. Copas y porros …
El campo lleno de amapolas, efímeras, que se bambolean al compás de una brisa que quema la piel. Montes llenos de árboles que rompen con una belleza infinita y la voz de mi madre avisándome que la comida esta preparada. “¡Sal de la piscina que te vas a cocer!“
Veranos que van pero vuelven, aquel en que te enamoraste, aquel otro en que te quedaste colgado, sin amigos que te acompañaran. Veranos de fiesta continua, de borrachera diaria. Veranos familiares, veranos de lectura, de risas, de viento.
Otra vez llega el verano ¿que me deparará este año, me pregunto?. Cada vez que termino pienso que el siguiente ya no será igual, pero vuelve, y la vida me recuerda que no cambia el verano, sino yo. Que con el calor me derrito como un hielo y me vuelvo a congelar con la llegada del invierno; que me convierto en vapor las noches de agosto para volver a flotar de la mano de mi gente por los montes que rodean mi casa de campo, por la playa que me vio crecer; con el camino de santiago que este año recorreré por segunda vez
Hoy veo las fotografías de otros años como el que ve una película que hace tiempo que no visualizaba, y apenas si me reconozco. ¿Ese soy yo?¿todo eso lo he vivido?
Menos mal que las personas que aparecen en todas esas fotografías están cerca para recordarme que si, que es real, que aquel verano existió y que ahora llega otro, juntos como todo los años, como durante todo el año.

jueves, 9 de junio de 2011

Cementerio Sacramental de Santa María


Este cementerio es el último de los tres sacramentales de Madrid. Junto Con San Isidro y San justo, todos ellos situados en el distrito de Carabanchel, Santa Maria es tal vez el menos conocido de todos.
Tras la construcción en el reinado de José Bonaparte de los dos primeros cementerios de Madrid;el Cementerio General de Norte (1809) y del Sur (1810), diversas Archicofradías y Sacramentales de la ciudad empezaron a construir paulatinamente sus propios cementerios para enterrar en ellos a sus afiliados. Uno de estos fue el de la Sacramental de Santa María, construido entre 1841 y 1842 bajo la dirección del arquitecto José Alejandro Álvarez, sobre una antigua ermita dedicada a San Dámaso -en las inmediaciones del actual parque de San Isidro-.
En este cementerio -en el que a partir de 1844 también se enterrarán aquellos pobres que morían en el Hospital General- fueron enterrados entre otros la actriz Loreto Prado, el General Polavieja, el Alcalde de Madrid José Francos Rodríguez, o el escritor Enrique Jardiel Poncela.
La sensación que da este lugar, al igual que el resto de Sacramentales, es de absoluto silencio y soledad. A pesar de estar ubicado junto al tanatorio de San Isidro, donde el trasiego de coches es constante, una vez atraviesas las tapias de la necrópolis, todo se vuelve calma, hasta el punto de pasear con el corazón algo encogido.

Santa Maria está en lo alto de la pradera de San Isidro, con unas vistas espectaculares de Madrid. Aunque no es quizá el cementerio mas llamativo de todos los que la ciudad posee, y sobre todo después de haber visto tantos, no deja de ser un lugar mas que interesante ya que posee diversas esculturas de gran interés. Podéis ver todas las fotos pinchando aqui

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