
Así me sentí al día siguiente de mi andadura como tonto. Casi no me había dado tiempo a percibir lo bien que se siente uno con su subnormalidad a cuestas, sin tener que explicar los actos propios a nadie ni argumentar nada, cuando en la noche empecé a darme cuenta de que además de tonto era universal, como la geografía y la historia, que es universal una por el espacio y la otra por el tiempo. Es decir, si uno es universal se escapa del tiempo y del espacio. Es mucho mas cómodo y se complementa perfectamente con la tontuna.
Acostumbrado como estaba desde que nací a ver el mundo desde dentro, es decir desde mi propio cuerpo, desde la ventana de mis sentidos, comenzar a verlo desde fuera, sin la carga de uno mismo me resultó algo complicado al principio, pero a lo bueno te acostumbras enseguida.
Para no confundir mi yo universal, con el otro decidí marcarme con algo que me distinguiera, que fue dejarme barba durante el tiempo que durara la experiencia. Así cuando me afeitara volvería a ser el tonto no universal, por que ese ya se ha quedado crónico. Hoy por hoy debo decir que todavía llevo la barba, me he acostumbrado a la universalidad de una manera que ahora no puedo volver a meterme dentro de mi mismo.
Algunos se preguntaran en que consiste esta extraña circunstancia que, aunque no os lo creáis es tan real como yo mismo, mi yo tonto me refiero.
Pues es sencillo: es verte desde fuera en todo momento. Lo puse en práctica la primera noche que salí de copas, ya llevaba unas horas de universalidad. Empecé a flotar por encima del local y me vi a mí mismo haciendo el tonto con una copa de más, forzando a veces la risa, intentando provocar y seducir a todo el entorno. ¿Ese era yo?. Me acerqué un poquito más y me reconocí por el perfume, llevo años usando el mismo y ya esta un poco pasado de moda, pero me identifica muy bien si me pierdo. Tuve otra experiencia similar en el trabajo, donde me organizo fatal y pierdo mucho el tiempo. Mi yo universal se aburre muchísimo allí, así que me marché y dejé solo al tonto haciendo lo que no queda más remedio que hacer para poder comer. En eso tengo ventaja, al ser etéreo no necesito comer; de eso se encarga el tonto.
Salí a comprar algo de pan para él y me crucé con una señora que resultó ser mi abuela universal; como el tonto nunca tuvo abuelos porque murieron antes de tiempo, al menos el universal podría tener los que quisiera, así que como la mujer iba cargada con una bolsa llena de comida, le dije “Abuela, le llevo la bolsa hasta el portal de su casa” y ella me respondió “gracias hijo” y me dio la bolsa que pesaba un mundo para un ser como yo. Me surgió una duda, yo la llame abuela y ella hijo, ¿será mi madre universal en vez de mi abuela? Porque claro en esto de la universalidad no hay edad.
En mi mundo universal tengo una casa de campo, un montón de animales que ni huelen mal, ni hacen ruido, ni hay que sacarlos a la calle. También tengo una vida universal sin compromisos de ningún tipo, me dejo llevar por el aire o la lluvia, es lo que tiene mi privilegiada posición, y cuando el tonto tiene un problema o algo que le preocupa, me pide ayuda. Entonces yo, le cojo de la mano, y le elevo por encima de su cabeza, le saco a la azotea del edificio y desde allí le subo hasta arriba. Vemos Madrid desde el cielo, lleno de luces. Luego de un salto nos elevamos hasta la bóveda del cielo, vemos España como se veía en los mapas que dábamos en geografía universal, y desde allí subimos hasta que el mundo no es más que una imagen similar a la de google maps. Entonces siento al subnormal en una estrella, me unifico con él y le digo: ¿ves que poquitos somos? Apenas una mota de polvo en el universo universal, imagina nuestros problemas, nuestras inquietudes, no son nada. Nosotros mismos nos las inventamos, las universalizamos; y sin embargo para no ser nada cuanta grandeza tiene cada persona en su interior que puede ser tonto, listo, aburrido, divertido y, con suerte como yo, hasta universal.
Un tonto universal que cuando le viene bien se inventa su mundo y allí se queda tan ricamente.
Que pereza me da afeitarme...






