miércoles, 3 de noviembre de 2010

DÍA DE DIFUNTOS

Como siempre últimamente, voy con retraso en todo. No va a ser menos en el blog. En fin, mi admirado Thiago me recordaba en el post anterior que con lo que a mí me gustan los cementerios y estas cosas, como iba a pasar por alto el día de difuntos. Efectivamente, le contesté, este día yo no lo paso por alto ni muerto...
Día de difuntos. Las ánimas andan sueltas por la calle la noche del uno al dos, porque realmente el día de los muertos es el día dos aunque nos empeñemos en llevar las flores el uno, día de todos los santos.
Tengo costumbre de encender una velita pequeña, de esas rojas, por cada difunto en la ventana de mi casa. Es una tradición heredada de mi madre y ella de la suya. Sirve para que los muertos encuentren la luz, otros dicen que para que no entren en casa al ver una luz encendida. Que más da para lo que sirva, yo lo hago porque mi madre lo hace y para algo servirá.
Algunos piensan que tengo una especie de afición o interés, culto tal vez por la muerte, y nunca me he parado a explicar el por qué de ese interés.
Todo es un proceso que viene de lejos, desde la niñez. Como a todos, de pequeño, la muerte es algo que asusta por lo desconocido. La primera vez que vi un muerto tenía diez años. Fue a mi abuela. Llevaba el hábito de la Virgen del Carmen y los pies sujetos por una cuerda gruesa, para que no se abrieran hacia los lados. Estaba en el salón de la casa de mi tía. Todas las sillas alrededor de la caja y un extraño olor a cera o a muerte. Mi madre me dijo ¿quieres verla? y yo le dije que si. Pensé que me iba a impresionar más, pero la verdad es que no sentí miedo alguno ni ninguna sensación rara. No obstante aquella imagen dentro del ataúd me atormento noches y noches, y no por la muerte en si, sino por pensar que algún día yo estaría en el mismo lugar, con los pies atados y un habito sobre el cuerpo. No podría respirar una vez que me enterraran y si gritaba nadie me oiría. Decidí observar el comportamiento de los muertos desde ese momento, para ver si un atisbo de vida quedaba entre sus venas.
No he dejado de ver a un solo muerto al que haya acudido a despedir. Sea más o menos cercano. Solo por observar su rostro plácidamente dormido. Casi todos con un esbozo de sonrisa, algo parecido al gesto de la Giocconda.
Poco a poco fue perdiéndose el miedo. Fui asumiendo la muerte con absoluta naturalidad. Me sirvió de terapia ver que el que se va ni siente ni padece. Mortus est que non resolla, decía mi padre. No sufre, no grita, no respira, no siente frío ni calor.
Me sirvió de terapia para alejar mis tormentos, para asumir la vida con más optimismo y agarrarme a cada instante de ella, que contradicción ¿no? observar la muerte para vivir mejor. Pero analicemos que no lo es tanto. No hay nada mejor para superar un miedo que enfrentarte a él al menos en mi caso.
Muchas veces he comentado que hoy en día la muerte es tabú, algo que esta ahí, pero que se evita hablar de ello. Los niños no ven muertos. La muerte no existe. Yo tengo otro punto de vista sobre el tema. Creo que se debe vivir sabiendo que al final uno muere. Pero no sabiéndolo como teoría, sino como certidumbre. Con todas las consecuencias.
La cultura con respecto a la muerte a cambiado y en las últimas décadas todo es distinto, mas frío. No hay alma, no hay fe. No hay muerte, no hay dolor. Se pasa el entierro y lo mejor es que no haya ni luto, no vaya a ser que sintamos tristeza en este mundo rápido.
A pesar de todo esto, poco tiene que ver lo que cuento con mi interés por los cementerios. En ello no hay nada relacionado con la muerte, sino con lo artístico. Disfruto más viendo una escultura funeraria que cuatro hierros abstractos en el Reina Sofia; aunque no voy a negar que a veces paseo, solo yo y mis circunstancias, por algún cementerio grande, como la Almudena, dejando que el silencio vague alrededor de mi, distrayéndome en un epitafio, en una losa de mármol mohosa. Solo por disfrutar, por sentirme vivo. Solo por recordar que de momento yo estoy encima y ellos debajo de la tierra.

El año pasado escribí este mismo día y con el mismo titulo, aunque distintos argumentos. Invito a quien le interese a visitar aquel post.


12 comentarios:

  1. Uhmm, a mi también me ha encantado tu post de hoy, y es que si hay algo que creo que nos une a ti y a mi, es esto de la muerte.... ah, y lo de los cementerios, aunque yo también tiro mucho por las iglesias y todo el misterio que a estas envuelve.

    Sobre esto de que la gente vive sin muerte, he escrito yo en el día de lso difuntos, y sobre como veo la muerte en Madrid, inexistente, haciendo una breve comparación con mi pueblo.

    Por último, podría comentar la primera vez que vi un muerto, tenía yo cinco años, un bisabuelo, no solo lo vi, le di un beso, en aquellos velatorios familiares en casa, a tapa abierta... y desde esa, ha sido una sucesión a lo largo de mi vida... hasta que, algún día, el beso me lo den a mi.

    Bicos ricos

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  2. JFL,me parece una buena preparación para enfrentarse a la muerte,contemplarla desde pequeños.Ver la quietud,la calma y la paz.
    También yo siempre obsevé con suma atención al muerto...Ahora,intentamos vislumbrar algo más allá de los cementerios.La fé y la esperanza nos alientan.El espíritu es energía y abandona al cuerpo...VUELA A SU LUGAR DE ORIGEN...!!

    La gente que no es consciente de la muerte,la vida se la mostrará sin ningún reparo y será un gran trauma...!!

    Te dejo mi gratitud por compartir,mi felicitación por tu profundidad y mi abrazo.
    M.Jesús

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  3. Interesante , yo tambien he escrito sobre la muerte y la mia propia. Yo vi a mi abuelo muerto cuando tenia 7 años y aun asi siento como si no se hubiera ido.

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  4. Me ha encantado tu escrito. Es importante asumir la propia muerte con naturalidad y sin temor. Sin embargo, me temo que yo todavía no he llegado a ese nivel. Por otra parte, en el transcurso de mi vida he tenido la oportunidad de ver bastantes difuntos, parientes o conocidos, pero el que más me afectó fué una niña de cuatro años, yo contaba pocos más. Todavía hoy, pasado mucho tiempo, la recuerdo con todo detalle tendida en la cama con su vestidito azul y sus coletas. Dicen que lo que más te impacta emocionalmente es también lo que más se recuerda.

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  5. Bueno, en general comparto tu idea de acostumbrarse a la muerte y convivir con ella, y la teoría generalmente compartida de que "los que sufren no son los que se van, sino los que se quedan", pero morirse da como cierta verguenza, es vista como un fracaso, para los que quedan aún con su tristeza, parecen sentir un alivio de "uff, aún no fui yo". Pq a pesar de todo, la gente no quiere morirse, y por mucha fe que se tenga y muchas creencias, todo el mundo percibe que al otro lado no hay nada, que todo se queda ahí encerrado en la caja o quemado en ese horno incinerador....

    No sé hay que vivir conviviendo con la muerte, pero sin temor a morir, pues como dices es inevitable y, además, no depende de nosotros. Lo que pasa es que tan tonto es olvidarte de su existencia como recrearte en su placer, jaaj

    Bezos.

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  6. Es cierto que la gente como que no saber mucho de la muerte, hoy he escuchado que Norma Duval se ha ido de viaje muy lejos para intentar no pensar que su hermana Carla ha muerto. Creo que es un buen reflejo del pensamiento colectivo sobre la muerte.

    Besos.

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  7. Y de toda la vida se ha muerto y se ha permanecido a la vez entre los seres queridos. En mi familia se habla de los muertos como si aun estuvieran y lo están, para mí lo están.
    Hoy en día no se puede sufrir, eso distrae de la función principal que hemos venido a cumplir aquí ser felices a través de ciertas acciones y formas de conducirnos que nos han dicho debemos observar y claro, el tener la muerte presente descubre el absurdo de esas formas de vivir prefabricadas, ser consiciente de que vamos a morir, saber físicamente que vamos a hacerlo, sin racionalizaciones, nos libera, eso está más claro que el agua.

    Buena reflexión, me voy a embalsamar al gato como ejercicio práctico de lo planteado ;)

    Un beso

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  8. Buena reflexión, pero el problema de la muerte (por suerte) es que nadie quiere que le llegue el turno. Aún y así tienes razón en que hay que ser conscientes de que tarde o temprano nos toca, sin embargo dudo bastante que nadie esté preparado para ello nunca, aunque sí se pueda estar resignado.
    Coincido contigo en que hay que separar el arte funerario de la muerte en sí, porque los que hay bajo tierra no creo que puedan disfrutar de sus hermosos panteones... suerte que nosotros, de momento, sí.

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  9. La muerte es un transito, los creyentes lo ven como el paso a la vida eterna, los no creyentes como el final de una vida y el terminar en el vacío, la nada.
    Alrededor del óbito se ha creado una atmosfera de terror, de dolor sobre todo en la cultura occidental, otros pueblos y culturas lo viven como el transito a un mas allá lúdico y como una recompensa.
    Pero aquí donde vivimos no podemos crear unas conductas uniformes, no es lo mismo morir en una gran ciudad como Madrid o Barcelona, que hacerlo en un pequeño pueblo de la España mas profunda.
    Hasta morirse cuesta dinero, en torno al difunto se ha creado un negocio tremendo, a mi me alucina que aun neonato ya se le haga una póliza de defunción. Creo que hay quien gasta en su entierro más dinero que su toda su vida.
    No entiendo el motivo, pero nos han inculcado desde pequeños un miedo atroz a la muerte, al contrario por ejemplo que en México que la festejan.

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  10. La unica cosa que me aterroriza de la muerte es el miedo de volver a nacer. La única esperanza que se cumplira en mi vida sera que sé cierto que me voy a morir y eso me ayuda a poder seguir viviendo.

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  11. La unica cosa que me aterroriza de la muerte es el miedo de volver a nacer. La única esperanza que se cumplira en mi vida sera que sé cierto que me voy a morir y eso me ayuda a poder seguir viviendo.

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