miércoles, 11 de febrero de 2015

Benditos sean los muertos

Adiós es una palabra fea, una palabra que no me gusta. No la uso, no la entiendo, no la pongo en práctica. No me gusta decir adiós.
Y tiendo a distinguir.
Una cosa son los que se van definitivamente por que ya no van a estar en este mundo, y otra muy distinta los que se quedan aquí.
Y puestos a acordarme de los que ya marcharon me doy cuenta que son muchos. ¿Y donde quedaron sus sonrisas?¿A donde fueron a parar sus gestos, sus sueños, el tacto de su piel?
Soy el pequeño de una familia cuyos padres son los pequeños de sus respectivas familias, por lo que de todos mis tíos ya solo me quedan dos. He ido despidiéndome de ellos año tras año. los he visto marchar vestidos de blanco a bordo de una nave espacial de madera.
Durmiendo.
Tranquilos.
Sonriéndome desde el otro lado del cristal, con la calma en los labios, aquellos que me besaban de pequeño.
Se han ido y cada día, cada noche al acostarme, cada vez que paso por delante de sus casas o percibo el olor de sus perfumes o un gesto en alguien que me los recuerda, ellos se asoman a mi memoria, cada uno con su peculiaridad, cada uno con su timbre de voz exacto.
Me he despedido de tantos con la certeza de volver a verlos algún día que a ninguno le he dicho adiós.
Hasta luego, hasta siempre, hasta la vista...
Y es que adiós en una palabra fea.
Pero hay algo que me da miedo: quizá algún día no me acuerde de ellos. Quizá el tiempo borre de mi memoria la intensidad de su amor, o el color de su pelo. El timbre de su sonrisa. ¿Y si algún día no tengo la certeza de que volveré a verlos?
Benditos sean los muertos sobre los que cae la lluvia.
Con mi regreso al blog me he dado cuenta de una cosa, el fin autodidáctico de este. En todo el tiempo que el blog lleva existiendo ha pasado por muchas fases, pero al final siempre he vuelto a él para aprender, para recordar algo que había olvidado, o simplemente auto complacerme en mí mismo.
Creo que es el momento de que mis muertos se mezclen entre las tumbas y las paranoias, entre el blanco y el negro de este espacio.
Quizá así nunca caerá la lluvia sobre ellos.

viernes, 23 de enero de 2015

Ligero de equipaje


El primer día de este año al quitarme la camisa comprobé como mis hombros estaban marcados con una especie de moratón. No me dolía nada la verdad pero pensé que era mucho mejor atajar el problema a tiempo. Esto de llevar una mochila siempre a hombros no era nada practico y ocasionaba dolores que no eran necesarios.
El caso es que yo estaba totalmente convencido que me la había quitado hacia tiempo, que hace unos años miré en su interior y vi que estaba tan llena que lo mejor era vaciarla, y así lo hice.
Pero esta mochila tiene algo especial, y no especialmente bueno.
Cuando la miré hace unos años saqué un montón de recibos, las letras de la hipoteca, amores que ya no iban a ninguna parte, amigos que no me aportaban nada, juicios, prejuicios, opiniones, y hasta alguna enfermedad que me auto provocaba y que en realidad no existía.
Saqué la moral y la lancé por la ventana, saqué el “no debo hacer esto “ y lo sustituí por un “haz lo que te de la gana”, pesa mucho menos, pero también pesa.
El caso es que al descolgarme la mochila y mirar dentro estaba otra vez igual de llena. Había sustituido mis facturas por planes de futuro, los amores que no van a ninguna parte por otros similares, nuevos prejuicios se habían colado por la cremalleras entreabiertas, rencores, algun que otro enemigo... tantas y tantas cosas pesadas que hasta yo me sorprendí al comprobarlo; pero sobre todo en el  fondo había algo que daba ocupaba demasiado, que pesaba mucho: las opiniones de los demás.
El juicio que creía que los demás harían sobre mí y sobre mis actos. Las opiniones que sutilmente lanzadas durante días y días se habían filtrado silenciosas, imperceptibles, moralizantes, y de esta manera iban formando bloque, haciendo piña y estaban acomodadas en el fondo de la mochila.
¿Todo esto es mio? me dije. ¿Debo sacarlo todo y dejar la mochila vacía? ¿Es quizá una inconsciencia no aprender de los demás, no dejar que estos te influyan o enseñen(todo depende de cómo se mire)? ¿No es la vida un libro abierto y lleno de lecciones? Quizá si vacío todo esto pierda mucho de lo que los demás me pueden enseñar. Quizá debo hacer una nueva lectura de todo lo que aquí esta aparcado. Quiza...
Las sostuve en mis manos por un instante pensando si guardarlo o tirarlo todo para empezar de nuevo. Entonce note el dolor de los hombros, la marca que en estos había quedado.
Abrí la ventana y lo lancé todo a la calle: trapos, fotos, recuerdos, experiencias.
Entró aire fresco.
Otra vez la mochila casi vacía.
Otra vez los hombros ligeros.
Es más mi estilo, es más yo.

domingo, 11 de enero de 2015

En blanco

A veces pienso que me quedo en blanco durante horas, meses e incluso años mientras la vida sigue transcurriendo. Me quedo en blanco no por que no viva, eso es muy difícil, sino por la propia vida me deja en blanco. Claro, mucho mejor es estar en blanco que en negro; el blanco es luz, que aunque ciegue siempre es mejor que la oscuridad. Pero tanto me ciega esta luz que las cosas pasan sin que yo las vea. Pasa el tiempo y apenas me doy cuenta. Cambian las circunstancias a mi alrededor y estoy tan cegado por tanta luz que cuando quiero mirar ya no hay nada. 
Hace prácticamente dos años que deje este blog. Lo cerré y hasta bloqueé porque de repente me di cuenta de que ya no tenía nada que contar, sin embargo me ha servido de terapia mil veces por que he vuelto a el de forma recurrente para releer lo que ya había escrito, y en muchas ocasiones me reconocí, en muchas otras no. 
Cuanto he cambiado me dije a veces; hasta cuando voy a seguir igual, me dije otras. 
Que gran terapia es esto de escribir lo que uno siente o piensa en cada momento. Que bueno es volver por un instante a leer lo que sintió y a sentirse ridículo por ello, o al revés.
Si, creo que estoy en blanco, por eso no escribo, por eso no hago nada para que las cosas cambien (si es que quiero que cambien que no lo sé) por eso me dejo fluir en este espacio en blanco.
Hay un gran escenario, o una calle, o una ciudad... no lo sé. Solo sé que es todo blanco, como si se hubieran pintado las paredes y los suelos y el cielo de ese color, y yo voy caminando por en medio y alguien va poniendo cosas en mi camino: otras ciudades, mil situaciones, campos y mares y personas, sobre todo personas. Personas que se plantan delante de mí y a las que miro a los ojos una sola vez y les digo: Ey!, estoy aquí, mira como soy ¿te gusto? y ellas dicen: si, me gustas, pero algo me dice que no. Entonces yo miro hacia arriba, algo muy común en mí y dejo que la mirada se vaya hacia otro lado, hacia la nada y lo veo todo blanco y sigo caminando un poco más.
Pero al fondo todo sigue estando en blanco.
No me quejo, la verdad que no me gusta quejarme de casi nada. Me gusta vivir en blanco. 
Quizá la felicidad sea esto y yo soy muy feliz. Quizá la gente piense que lo ideal es vivir siempre mirando hacia el futuro, pensando que vamos a hacer y hacia donde queremos ir. Quizá las personas tengamos que aferrarnos a los recuerdos para saber quienes somos.Tal vez haya que vivir siempre en un espacio que no sea el presente donde todo es luz, donde no hay nada que hacer por que se hace solo; pero una cosa tengo cada vez mas clara, al fin y al cabo eso es lo único que tenemos, el ahora y el blanco es un color bonito (¿el blanco es un color?). 
Tengo ganas de escribir, por pura terapia, y creo que intentaré volver a hacerlo en este blog. Mi blog.
No sé cuantos de los que estaban permanecerán, cuantos se habrán ido....
Veremos si soy capaz. 
Esto de vivir en blanco me ciega...

lunes, 21 de enero de 2013

Sorpresas

Y es que la vida no deja de sorprender. A veces se nos escapa de las manos para bien o para mal, se retuerce y parece que se queda atascada en algún lugar. Se pone delante y  la empujas pero no avanza cuando tu quieres sino cuando a ella le da la gana; piensas: ¿Que hago para que esto cambie?¿que puedo hacer yo? Y al final el tiempo te enseña que hacer, te enseña que en muchos aspectos no hay que hacer nada, porque si lo haces la vida se va enfada y se esconde. 
No sé si hay destino, probablemente no hay nada predefinido y es tan solo un cúmulo de casualidades: estar en el lugar correcto el día correcto, o cruzar por un sitio cuando no debías hacerlo. Y esa casualidad desencadena un montón de circunstancias impredecibles.
La vida no deja de sorprender y que bien que sea asé. 
Siempre me ha dado algo de pena las personas a las que ya no les sorprende nada, la gente que lo tiene todo claro y no se cuestiona las cosas. No es que yo me crea superior ni distinto por conservar (y batallar por conservar) ese puntito de ingenuidad tan necesario para ser feliz. Y es que la vida no deja de sorprenderme: cuantos giros inesperados  cuantas situaciones distintas, cuantas veces pasamos por el "yo por ahí no paso" y pasas, pasas aunque no quieras o aunque si. Es entonces cuando te das cuenta una y otra vez que la vida no deja jamas de sorprenderte.Ahora vives solo, mañana con amigos, tal vez con pareja, tal vez no aparezca nunca nada de eso. 
Que invento eso de reinventarse. Reinventarse es un placer absoluto, pero no reinventarse por que si. Yo soy mas de reinventarme a la fuerza, a lo bestia, cuando ya no queda otra.
Uno defiende sus valores, ahora, si no les gustan tengo otros...Es más si no gustan, si no son rentables, o si simplemente están caducos y ya no me hacen feliz. En ese momento que mejor que reinventarse; más que nada por que al volverte a hacer, al volver a partir de cero ( lo de partir de cero es un decir, por que partir de uno o de dos suena mal) se vuelven a ver las cosas desde otra perspectiva. Distinto, nuevo... es como probarte unos zapatos nuevos, o un nuevo pantalón.Al principio no sienta, roza, aprieta  y de alguna manera sientes añoranza por el antiguo, ese zapato viejo y feo pero tan cómodo que ya te habías hecho a andar con él... o el pantalón que ahora ajusta y parece llegar a tu armario a fastidiarte pero que al final tras un poco de uso es con el que mejor te ves.
¿Y que necesidad tenia yo de comprarme zapatos nuevos? Es que estos ya no estaban para muchos trotes. Estos ya habían andado todo lo que debían y empezaban a ser demasiado incómodos y feos. Vamos allá, que la pereza es mínima y la recompensa grande, lo se.  
En fin, la vida... La vida no deja de sorprender a a uno. Una nueva casa, un nuevo amor, un nuevo trabajo. Mas dinero, menos dinero. Problemillas de salud, poca cosa. Salud de hierro... subidas, bajadas, amorfes, desamores, amigos y compañeros de vida, familia buena o mala familia, la que te toca esa no se puede escoger... y tras cada uno de estas cosas la vida, asomando la cara a cada recodo del camino...
¿Y que seria de nosotros sin esas sorpresas? 
Simplemente no estaríamos vivos ...

domingo, 30 de septiembre de 2012

De viaje

Anoche me dormí pensando en un viaje. De hecho el viaje empezó hace un tiempo y aun estoy en él. El viaje en el que estoy es largo (espero que lo sea) y también espero que intenso. Miré el catálogo que me dieron en la agencia y al que poco a poco le he ido añadiendo fotos, recuerdos, enseñanzas... Me di cuenta que un un viaje tan intenso había  formado un catálogo extenso.
Pensé que en este viaje, algunos compañeros corrieron demasiado y se olvidaron que tarde o temprano llegamos al mismo destino, que su inocencia pasó rápido en un afán por ser mayores y ahora les gustaría ser niños otra vez.
Comprendí que muchos perdieron su salud por buscar riqueza, espacios iluminados pero frios, cuevas repletas de tesoros que ansiósamente anhelaban  en cada parada del camino, y se olvidaron de disfrutar el paisaje por llenar las arcas...Muchos las vaciarían ahora por recobrar la salud perdida.
Otros tenían tanta ilusión por ver cosas nuevas y que aun estaban por llegar; y a la vez añoraban tanto todo lo que quedó atrás  que la mayoría de las veces se perdieron lo único cierto que les quedaba: la proeza que cada paisaje ofrecía ante sus ojos en este mismo instante.
Algunos vivieron el viaje como si nunca fueran a morir, y al final del camino se lamentaron de haber muerto como si nunca hubieran vivido el viaje
Es difícil aprender todas la reglas del camino, de hecho cada uno marca las suyas. Ojala hubiera un manual que nos dijese que pasos seguir para llegar a la meta con la satisfación del trabajo bien hecho, pero no las hay.
Sin embargo uno aprende e intenta poner en practica todos los consejos recibidos de sus mayores, todas las enseñanzas que los sabios dejaron escritas, y así, con disciplina y atencion concluye  que no podemos forzar a que nadie nos ame, pero si podemos dejarnos amar.
Que podemos pasarnos una vida entera para ganarnos  la confianza de un amigo y podemos perderla en pocos segundos por no saber actuar bien,por una  palabra o una actitud.
Que no es más valioso lo que hemos conseguido por el camino, sino a quien hemos conseguido que nos acompañe.
Que compararse con los demás no sirve de mucho, Siempre veremos a otros mejores y a otros cuantos  peores que nosotros, pero al fin y al cabo de que nos sirve...
Que el más rico es el que menos necesita, el que todo su tiempo a perdido en tener más, siempre se sentirá pobre.
Que debemos controlar nuestras mezquindades, nuestros vicios y nuestras manías  sino estas acabaran por controlarnos a nosotros.
Que en pocos segundos podemos abrir una herida profunda en las personas que queremos y que esta necesitara años para cicatrizar.
Debemos aprender que por que alguien nos moleste y nos dañe, no tenemos derecho a hacérselo nosotros a los demás, por que de esta manera el circulo no se cerrará nunca.
Que el mejor perdón es el  que nosotros mismos nos damos
Que podemos ser dueños de nuestra casa y nuestro dinero, pero esclavos de nuestras palabras y nuestros actos
Pero sobre todo, segun avanzamos por el camino, uno se da cuenta de una verdad absoluta que resume todas las enseñanzas del viaje y es que al final todo lo que plantamos terminaremos recogiendo, quien siembra bueno recogera su fruto y quien sembro maldad acabara por tener una cosecha abundante de desprecio y soledad.
De eso no tengo la menor duda

martes, 5 de junio de 2012

Trabajar el agradecimiento


Agradecer a la vida lo que nos ofrece, tal vez sea una de las cosas que más desatendemos.
Estamos inmersos en una queja continua: “no me gusta mi trabajo” ”gano poco””mis amigos no me escuchan””el país está fatal”, y así mil una queja que nos bombardea una y otra vez la cabeza . Pocas veces ( muchas personas ninguna) nos dedicamos a enfocarnos en lo que cada día la vida nos ofrece; y si fuera así, probablemente no tendríamos horas para agradecer todo lo que el universo, Dios, o en lo que  cada uno quiera creer pone en la palma de la mano para que lo saboreemos.
Los que tenemos amigos y familia, conocidos incluso, y valoramos esto como un regalo, sabemos bien de lo que hablamos. Conservar una amistad, crearla incluso, no es solo un merito nuestro, es sobre todo un merito suyo, de cada una de las personas que nos rodean y nos quieren,  por saber darla y recibirla.
Nuestros amigos y nuestra familia nos dedican su tiempo libre gratuitamente ¿no es esto maravilloso? ¿No es estupendo que alguien decida estar contigo en vez de descansar, o trabajar para ganar dinero, o simplemente ocupando su tiempo libre en no hacer nada?
No, nos dedican el preciado don del tiempo y la compañía, gratis, altruistamente. Y apenas se lo agradecemos, como si fuera su obligación.
Para mí lo es, y sin embargo se me olvida una y otra vez demostrar a mi familia y amigos lo mucho que los quiero, lo fundamentales que son en mi vida, por que sin ellos, probablemente, no sería mi vida.
La vida es un privilegio en sí misma, un regalo que muchas veces desperdiciamos en cosas banales, absurdas, vacías; en rencores que no llegan a ninguna parte, en batallas perdidas de antemano, en ambiciones económicas… En preocupaciones innecesarias
Si tenemos una casa, la queremos más  grande. Si tenemos un trabajo, le queremos mejor. Nuestro sueldo siempre es pequeño… Y que poco hacemos, además, por cambiar algo de esto. No, no digo ahora que no haya que esforzarse en mejorar, claro que sí, pero siempre sin olvidar que el camino para conseguirlo ya es parte de la recompensa, que hay que disfrutar de los paisajes que para conseguir la meta nos vamos encontrando.
He aprendido que la vida está llena de oportunidades; que cuando parece que algo terrible a pasado, que todo se está acabando, surge una nueva oportunidad, una ventana abierta que vuelve llenar de aire fresco nuestra vida.
Solo hay que saber mirar y observar todo lo que la vida te ofrece de bueno. Hoy en día trabajar ya es un privilegio, el mero hecho de vivir es un regalo, los amigos y la familia un don casi divino;  y deberíamos aprender a decir gracias cada día por tanto como tenemos, sin lamentarnos, sin permitirnos el lujo de sufrir un día tras otro por las mismas razones. Ya sé que alguien dirá que hay personas que difícilmente pueden dar gracias por algo, pero yo creo que sí, que siempre puede haber algo en la vida por lo que podamos sentirnos agradecidos.
Practiquémoslo.

lunes, 28 de mayo de 2012

No hay futuro (2ª Parte)


Y es que con esto del cambio de estación, anda uno que esta sin estar, sin saber muy bien hacia donde se dirige. Ya lo dije un par de post atrás, con esto del “no hay futuro”, que no lo tenía claro, que este era incierto; y sin embargo, depende del día, lo enfrento  o me rindo.
Hoy toca enfrentarse, mañana no lo sé; así soy yo, inestable.
Acabo de terminar un libro que se llama “el monje que vendió su Ferrari” y como yo soy así, de lo último que cae en mis manos, que me bamboleo al compas de una noticia, de un libro, de una conversación y hasta de un estado de ánimo, pues vuelvo otra vez a mi senda de autocontrol y positividad.
¿Qué no hay futuro? … a lo mejor es que no me lo marco yo, que no sé cuál es, por qué haberlo “haylo” y  el problema es saber qué futuro preferimos. Y es que uno piensa: “yo quiero tener pareja, me voy a esforzar por encontrar a una persona compatible, con quien me lleve bien y que me aparte de tanto salir y tanta vida social” y al rato se le pasa la cabeza que no. “pues no estoy yo bien ahora, sin dar cuentas a nadie, con todo mi tiempo disponible  para hacer con él lo que quiera; con la libertad de ir y venir a mi antojo…quita quita, que solo se está mejor. No hay nada más que ver a todos los emparejados para darse cuenta que solo, por regla general, se está mucho  mejor.
Así  pues si supiera que prefiero para mi futuro, sabría en que enfocarme, pero ¿Y si no sabes que es mejor? ¿y si en las diferentes opciones que te imaginas para el futuro todas te parecen bien, o ninguna?
¿Y en el plano laboral?. Siempre fui autónomo, echo en falta la libertad de trabajo, las posibilidades de ganar más, de crecer laboralmente, algo que podría pasar siendo autónomo.
Ahora tengo la oportunidad de montar algo, estoy en ello, y aun así pienso: “Pero qué necesidad tengo yo de complicarme la existencia, con lo bien que estoy de funcionario, sueldo fijo(y escaso), trabajo más o menos estable y sobre todo muy cómodo”. Me esforzaré por iniciar esta andadura, pero no tengo claro que me compense.
Bueno, así que el monje que vendió su Ferrari y cambio su vida, se marco unas metas, un dominio de su mente y sus emociones. Venció a su mundo tras unos años de avaricia y descontrol y encontró el verdadero significado de la vida tras emplearse en unas enseñanzas orientales, ciertamente interesantes. Un libro que recomiendo, porque es de los que realmente transforma (también lo hay en audio libro, os dejo enlace por si quereis)
En eso estoy de acuerdo, y claro que tengo mis metas, las visualizo, las escribo en un papel, batallo por ellas, pero a veces cuando las consigo ya no me gustan, y pienso que la meta que descarté es la que mejor me venía…”ten cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que se cumpla”.
Con lo del autodominio voy mejor, cada vez menos pasional, cada vez sufro menos por casi todo, cada vez soy más estable (emocionalmente hablando, en lo demás ya se ve que no) pero es cierto que las cosas comienzan a afectarme poco. ¿Y eso es bueno? ¿qué es la vida sin emociones?¿es bueno el autocontrol que tengo sobre mí?
Claro que siento; siento cariño por mis amigos, amor por mi familia, pasión por vivir. Siento ilusión por un viaje, ganas de vacaciones, alegría por juntarme con mi gente. Me siento pleno y sin embargo deseo algo, pero ¿el qué?
En fin,  una vez mas solo tengo claro una cosa, y es que no voy para monje y que si tuviera un Ferrari no lo vendería, de momento.  Que las cosas materiales no me satisfacen, soy más de espirituales. Que necesito un cambio y no sé cual. Que debería fijarme unas metas por eso de no ir cambiando de planes cada dos por tres, pero que no sé cuáles. Así que otra vez vuelvo a pensar…¿Qué va a ser de mí?. En fin, que la vida me sorprenda, seguro que es la mejor opción.
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